La crónica económica

Joaquín Aurioles

La investidura

ANDALUCÍA se prepara para la bienvenida al nuevo Gobierno que conoceremos a comienzos de la semana que viene, pero de cuyo programa de trabajo ya conocemos las líneas maestras, gracias al discurso de investidura del candidato a presidente. Como es lógico, sólo los más ingenuos se habrán sorprendido por la ausencia de novedades significativas, aunque en defensa del candidato haya que reconocer que recién salidos de una victoria electoral por paliza, tampoco parece razonable esperar planteamientos alejados del discurso de campaña ni de los procedimientos de las cuatro últimas legislaturas.

El principal motivo para esperar algún planteamiento creativo era precisamente la difícil coyuntura económica que presumiblemente nos va acompañar durante, al menos, la primera mitad de la legislatura y hay que reconocer que el anuncio de un "paquete de iniciativas de acción inmediata" invitaba a pensar en una actitud agresiva frente a la crisis, con el morbo añadido de que también significaría el reconocimiento implícito de su existencia. Había, en definitiva, espacio para el optimismo, puesto que el acierto en el tratamiento se facilita cuando se parte de un diagnóstico adecuado.

La esperanza comenzó a esfumarse con apreciaciones como la del "cierto deterioro en el mercado de trabajo" y, sobre todo, tras la vinculación del estado de las cosas a la coyuntura internacional y al sector de la construcción a escala nacional. Tampoco pudo el candidato en su discurso evitar la tentación de conectar la difícil situación que, como todos nuestros vecinos, atraviesa la economía andaluza, con los logros del pasado y dejar caer una invitación a la confianza en que el proceso de creación de empleo y la convergencia de estos años atrás podría continuar en el futuro. Obviamente no es imposible que ocurra y ojalá que así sea, pero ignorar que hay una etapa que se ha acabado y que no va a reproducirse en el futuro es sencillamente situar el tema fuera de contexto.

También aparecieron los tópicos que se vienen repitiendo desde hace años, como lo del modelo económico basado en el conocimiento, la innovación y la sostenibilidad, que seguramente dará lugar a nuevas y costosas "modernizaciones de Andalucía", o al consenso y la concertación social, cuyos beneficios proclaman por todas partes sus protagonistas, pero de la que no hay forma de encontrar evidencias de que esté resultando rentable para alguien más que para los que la suscriben, así como tampoco de su coste real para el contribuyente.

En el terreno de los temas que se han echado en falta, cada cual tendrá su punto de vista, aunque con los tiempos que corren, y desde una perspectiva económica, hay tres temas sobre los que convendría contar con un pronunciamiento del Gobierno.

Uno es el de las eternamente pendientes reformas estructurales, entre las que inevitablemente habría que incluir la de las administraciones públicas. Otro el papel de las ciudades, el coste de la convivencia y el urbanismo. Por último, una interpretación clara y comprometida de por donde va a marchar realmente la economía andaluza los próximos años, una vez descartada la posibilidad de que el pasado se reproduzca.

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