la tribuna

Carlos M. Gómez

¿Qué investigación podemos permitirnos?

LA pregunta va un poco más allá, siendo ciencia de calidad como premisa incuestionable, ¿cómo debemos distribuir los recursos públicos de la mejor forma posible? Sería necesario hacer una radiografía de la situación actual de la financiación de la investigación.

El Estado destina una cierta cantidad de dinero a la creación de conocimiento y de transferencia hacia el sistema productivo. Muchos investigadores/as sistemáticamente acusan al sistema de financiación español de dedicar un escaso porcentaje de PIB a Ciencia, comparado con los países más desarrollados tecnológicamente, pero esa actitud tiene una cierta trampa. A países desarrollados como Alemania, Holanda, EEUU, Japón etc. les salen las cuentas, es decir, producen lo que consumen en tecnología científica; de hecho gracias a las exportaciones el balance les sale positivo. En cambio otros países intermedios, España, Grecia, Portugal, etc. compran todos los aparatos y reactivos que necesitan al exterior, y su balance es claramente negativo.

Ciertamente todo ese conocimiento que generamos repercute indirectamente en la sociedad, como conocimiento, cultura, capacidad para emigrar en buenas condiciones laborales..., pero en épocas de escasez muchos de los grupos científicos desaparecerán, pues el Estado tiene que atender a necesidades más perentorias que dar unos euros, que en buena parte huyen a esos países tecnológicamente avanzados. Sin embargo, pasados los años de escasez, reconstruir el tejido científico costará una enormidad y nuestra sociedad periférica quedará otra vez apartada de las corrientes de innovación existentes en lugares situados más al norte.

El resumen de la radiografía sería, pues, que tenemos excelentes investigadores y unas razonables infraestructuras científicas, pero no tenemos dinero para sostenerlas funcionando, en términos de mantenimiento, reactivos y personal. ¿Qué hacer si queremos mantener la llama de la Ciencia y la Innovación encendida en estos años?, y ahora viene mi opinión.

La opción a largo plazo es hacer el sistema sostenible, la mentalidad de transferencia debe imbuirse a los más jóvenes, posiblemente ningún titulado universitario debería salir de la carrera sin haber creado virtualmente una empresa, con su plan de negocio y estudio de marketing. Evidentemente no todos seguirán ese camino, pero si alguna vez tienen una idea potencialmente productiva tendrán los recursos para saber cómo convertir esa idea en producción real, y abocarla al éxito. Otro punto importante sería la exigencia de un retorno industrial cuando se generan grandes infraestructuras científicas, a la manera que la industria militar española lleva haciendo desde hace muchos años, por ejemplo en el avión de transporte que se monta en Sevilla.

La opción a medio plazo es potenciar la creación de empresas ligadas a tecnología entre los profesores de mediana edad que tienen desarrolladas investigaciones que pueden dar lugar a un producto. Estas dos apuestas a medio y largo plazo permitirían conseguir el objetivo final de conseguir un balance tecnológico cero, es decir, gastar lo que se produce en términos absolutos en este sector del conocimiento y la innovación.

Y lo más difícil, que hacemos aquí y ahora. Pues como en las buenas familias, ayudarse para que no nos desahucien. Muchos grupos de investigación tienen el cartel de cierre ya impreso. Posibles soluciones a muy corto plazo: (1) Eliminar completamente las ayudas en infraestructuras científicas, generalmente se realizan a fondo perdido sin memoria de resultados que evalúe la utilidad de la inversión. (2) Intentar mantener la financiación de buena parte de los proyectos aunque reduciendo su cuantía, ello obligaría a aumentar la eficiencia en el uso de recursos. (3) Primar los salarios de los contratados con cargo a proyectos sobre la compra de aparatos y reactivos. En el salario el retorno es inmediato, pues ese dinero se reinvierte en economía local. (4) Muchos grupos medianos, y pocos grandes, de hecho estos últimos deberían tener acotado el margen de financiación incluidos todos los conceptos.

En resumidas cuentas, maximicemos el uso de la tecnología que ya tenemos, que no se quede ningún grupo de investigación que haya demostrado una producción de un mínimo de calidad, marquemos "radioactivamente" cada euro que se da en investigación para conocer su rentabilidad científica y económica, evaluemos la eficiencia (producción científica/recursos invertidos), evitemos que todos los recursos disponible sean drenados por los grandes grupos, y potenciemos a los precompetitivos y los medianos.

La Ciencia es un motor de cambio social, cultural y económico. Una sociedad sin capacidad de generar conocimientos nuevos y de trasladarlos al entorno productivo será sin duda una sociedad atrasada y dependiente de las demás.

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