La ventana

Luis Carlos Peris

Nunca jamás un Rocío tan accidentado

CUANDO la cosa está de leche hasta los chivos la dan, que le dicen. Y en este año de crujía total, y lo que te rondaré, complicado era que viviésemos un Rocío normal, una romería como las de toda la vida. Lo del millón de romeros es algo que no se lo creía nadie, ni siquiera en esos tiempos de bonanza que ahora se da en llamar de excesos. Y en esta edición, la afluencia de medallas y de sombreros ha sido la más pobre de cuantas se recuerda, que hasta la fe palidece en tiempos de mohína. Menos gente que nunca, un frío insufrible en las parás del camino de ida y un calor insoportable en la Misa de romeros; para colmo, el incidente de la tubería rota que puso aquello como San Mamés en días de manguera y para que la cosa no se quedase ahí, la rotura del varal, que yo no sé cómo han durado tanto con esos tirones que les pegan, y suspensión del paseo de la Virgen por la Aldea. Y es que cuando la cosa está de guasa...

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