en los medios

Luis Nieto

Otra lección de Francia

EL Ministerio de Cultura de Francia acaba de reconocer a las corridas de toros como patrimonio cultural inmaterial. Cuando todavía sufrimos ante los rescoldos tras la quema de la Fiesta en Cataluña por parte de una cuadrilla de políticos interesados, el Estado galo -avanzado y aperturista- respalda una tradición que fue implantada por los toreros españoles en suelo francés, donde convive con otros espectáculos taurinos de identidad local, como la corrida landesa.

El triunfo de este reconocimiento -Francia se convierte en el primer país que inscribe la Fiesta en el inventario de su patrimonio cultural- ha estado capitaneado por el Observatorio de las Culturas Taurinas, presidido por André Viard, un conocido matador de toros retirado, quien ahora ejerce como periodista y que en una entrevista publicada en Diario de Sevilla apuntaba no hace mucho que se encontraban próximos a conseguir este objetivo. El propio Viard explicaba que en Francia, a diferencia de nuestro país, la situación de la organización del sector y su relación con la sociedad es diferente. Si en España, la Mesa del Toro es el último intento -aún sin consolidar- de agrupar al sector, en Francia el Observatorio es una asociación nacional garante en la que profesionales y aficionados se han unido para fomentar la Fiesta y contrarrestrar los ataques antitaurinos, sin tener en cuenta sus diferencias. Esta unión ha sido decisiva para un reconocimiento que aquí no ha pasado de propuestas, fotos mediáticas y verborrea política.

La inscripción de patrimonio cultural queda corraborada en términos científicos y culturales por la legislación francesa que desde hace tiempo legalizó la corrida en las regiones "donde existe una tradición local ininterrumpida" y consagra la excepción cultural que conduce la ley a descartar la prohibición de la Fiesta de los toros en dichas regiones.

La corrida a la usanza española fue introducida en Francia y arraigó a partir del siglo XIX en cuatro regiones del sur, donde se celebran cada año en 47 ciudades. El expediente, elaborado por un grupo de universitarios bajo la dirección de François Zumbielh, se ha basado en los requisitos exigidos por la Unesco para definir una cultura admisible en el patrimonio inmaterial de la humanidad y ha hecho valer que la corrida refleja, entre otras cosas, la sensibilidad de cada uno de los pueblos que la comparten en Europa y América, que pertenece a las artes y a las actividades rituales, fomentando el turismo y la economía; así como el aspecto ecológico, con el toro y sus distintos encastes, condicionados por la supervivencia de la corrida.

De nuevo, Francia, en cuya organización de las corridas intervienen los aficionados, se ha adelantado -sin anuncios rimbombantes, ni ruido, pero con suma eficacia- en un aspecto esencial y da otra lección a los integrantes de la Fiesta en España.

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