EL emocionado homenaje que Sevilla tributó ayer a Alberto Jiménez Becerril y Ascensión García Ortiz, más sentido aún si cabe por cumplirse el décimo aniversario de su vil asesinato a manos de la banda terrorista ETA, se vio tristemente empañado por las increpaciones y abucheos al alcalde, Alfredo Sánchez Monteseirín, tras la misa y en la ofrenda floral en la calle Don Remondo. Monteseirín fue insultado, calificado de "sinvergüenza" y acusado de "traidor" a España por mor del proceso de negociación abierto por Zapatero con los etarras para intentar, al igual que en su día hicieron Felipe González y Aznar, que los terroristas abandonaran la lucha armada. Hasta la esposa del regidor tuvo que salir en su defensa, presa de los nervios, y acabar confesando la tensión en que viven por los ataques que reciben en su propio domicilio. La chispa que prendió la mecha del incidente fue la acusación de que en la esquela conmemorativa insertada en la prensa por el Ayuntamiento y/o la Fundación presidida por Monteseirín se omitía de forma deliberada que el atentado había sido cometido por ETA. Creemos que esa omisión es totalmente injustificada (también se mantiene en la placa de la calle Don Remondo), pero también que no obedece a un designio del alcalde, sino a la burocrática repetición de la primera esquela enviada por el Consistorio a los periódicos. Y se da la circunstancia de que la esquela del primer aniversario (30 enero 1999) la ordenó insertar la Corporación presidida aún por Soledad Becerril y que en la misma tampoco se hacía alusión alguna a ETA, como no se hacía en la del PP-A. Los Ayuntamientos de Monteseirín se han limitado a copiar la esquela dejada por Soledad Becerril, probablemente hasta sin leerla ¿Cabe entonces acusar también a la ex alcaldesa de "traidora" a España? Lo ocurrido ayer es lamentable porque se ha buscado cualquier excusa para acorralar al máximo representante de la ciudad sin respeto a su dignidad ni a la de Alberto y Ascen, cuya memoria no debió ser instrumentalizada políticamente. En esos momentos imperó la división entre los demócratas, cuando el enemigo común de todos es ETA.

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