La ciudad y los días

Carlos Colón / Ccolon@grupojoly.com

La luz de la calle Orfila

Desnudar a un santo para vestir a otro es una mala manera de hacer las cosas. Lo mismo podría decirse de desnudar una calle de luces de Navidad para vestir otras. Es lo que ha hecho el señor Torrijos, el Brujo del Solsticio de Invierno. Como se tiene por un hombre de izquierdas, las desnudadas -como si fueran los patricios que los gladiadores insurrectos de Espartaco desvestían y hacían luchar entre sí para burlarse de ellos- son las calles patricias del centro (Alfonso XII, Canalejas, Cerrajería, Jovellanos, Pastor y Landero, José Gestoso, Orfila, San Eloy, Mateos Gagoý) y las vestidas con sus luces son las gladiadoras de los barrios (San Diego-Pino Montano, San Jerónimo, Nervión). Bien por alumbrar los barrios, mal por despojar el centro.

El argumento esgrimido por el Brujo del Solsticio de Invierno, además del ahorro y el habitual reproche a los comerciantes, es que las despojadas son "calles del casco histórico que cuentan con luz suficiente en cualquier época". Puro bolivarismo navideño, muy propio del gavilán pollero Lolo Silva, tan adicto a Chávez, que da saltitos en torno al gallo Claudio ("¡hijooo, pero hijooo") que es Torrijos (este Ayuntamiento nuestro cada día se parece más al show de Bugs Bunny con su Porky, su pato Lucas, su demonio de Tasmania, su Elmer, su Correcaminos o su Coyote).

De entre todas las calles despojadas de luces es especialmente hiriente el caso de Orfila, calle alegre y navideña donde las haya. Pero no podrán con ella el gallo Claudio y el gavilán pollero. Orfila tiene su propia luz, y todo en ella reluce de Navidad. ¿Quién no sabe en Sevilla que los carteros reales arreglan sus zapatos, destrozados de tanto ir y venir recogiendo cartas, en El Rápido Americano; que los Reyes Magos llevan los regalos en bolsas de Garcigó; que después de lavarlos en el río y tenderlos en el romero, la Virgen plancha los pañales del Niño con una Philips de La Casa de las Planchas; que Belén está -corcho, serrín, romero- en la capilla de los Panaderos y Oriente en el Ateneo, porque allí nació el viaje de los Reyes por las calles de Sevilla; que la cunita del Niño se la regaló Víctor Rojo de Muebles Orfila, los pañales la farmacia de Sánchez León y el borriquillo para que huyeran a Egipto los agentes comerciales; que para pasar la Nochebuena a pie de portal los pastores se arreaban un Machaco en el Café Orfila; y que los evangelistas lo escribían todo en cuadernos de la papelería de Pichardo? Le quitará el Brujo del Solsticio de Invierno las bombillas a la calle Orfila, pero nadie le puede arrebatar su luz de Navidad.

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