La ventana

Luis Carlos Peris

El martirio va en el sueldo, ¿verdad?

HASTA las yemas, esas delicadezas que las monjitas sacan del horno, parecían llorar. San Leandro estaba entero, todo, desde el atrio al retablo, consternado por el asesinato del cura. Abominable asesinato que condenaban sus allegados, que son muchos los allegados que tenía Carlos Martínez, pero que no ha contado con el altavoz de cualquiera de esos crímenes que se han dado en clasificar como violencia de género. Por cierto, de género masculino, nunca al revés. El lobby feminista se lo ha montado tan estupendamente que esa violencia no sólo no mengua sino que se dispara y a ver dónde vamos a parar. Bueno, pues el incalificable acto que acabó con la vida de un ser modélico no ha habido ningún tipo de manifestaciones ni, claro, minuto de silencio alguno en su memoria. Era un cura y el martirio debe irle en el sueldo, ¿verdad? Qué barbaridad.

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