la esquina

José Aguilar

¿Somos los mejores?

ESTA noche se verá si somos los mejores de Europa en fútbol profesional o si hemos de conformarnos con el subcampeonato, ese honor que empieza a menguar desde el mismo instante en que se consigue. Los propios futbolistas lo reciben con rostros abatidos y lágrimas de desconsuelo. Son los primeros en devaluarlo.

En el relato de la historia más reciente es indudable que, en efecto, somos los mejores del siglo XXI. Campeones de Europa en 2008, campeones del mundo en 2010 y campeones o subcampeones de Europa en 2012, según jueguen hoy nuestra selección y la italiana, y también según intervenga el azar. Que interviene: si el travesaño no devuelve el tiro de Bruno Alves y el palo derecho sí devuelve el de Cesc, en la tanda de penaltis contra Portugal, tal vez estaríamos hablando de otra cosa (faltaba el penalti de Cristiano).

Tuvimos la suerte de los ganadores, que hay que merecerla. La selección española la merece y la busca. Picasso se recetaba que la inspiración, cuando quisiera llegar, le pillase trabajando. A La Roja, desde la etapa final de Luis Aragonés, el talento que atesora le pilla trabajando siempre. Una generación de futbolistas de calidad como nunca la hubo aquí no se permite despilfarrarla en ningún momento. La potencia y la exprime con esfuerzo, afán de superación, espíritu competitivo, juego de equipo, respeto por el adversario y humildad (es muy importante: otras selecciones se aglutinan alrededor de las genialidades de un divo, mientras en la nuestra, con medio once integrado por genios y el otro medio por buenos jugadores, todos trabajan para todos).

Parece mentira que una sociedad tan ayuna de esos valores que acabo de citar pueda identificarse tan intensa y apasionadamente con una selección de fútbol que se define por ellos. Debe ser porque el deporte de masas por excelencia actúa también como el más eficaz narcótico colectivo. La anestesia que nos hace olvidar que estamos como estamos precisamente porque, como pueblo, nos falta eso: esfuerzo, espíritu competitivo, afán de superación, iniciativa para explotar el talento, solidaridad y modestia... Encima, no tenemos la suerte de contar con un liderazgo nacional comparable al liderazgo futbolero de Vicente del Bosque, un marqués, un aristócrata del talento y la humanidad.

De modo que seguimos acudiendo, como antiguamente, a la adormidera del fútbol para evadirnos de una realidad adversa, sólo que entonces también éramos perdedores en el campo y, por tanto, la sublimación de nuestras penas significaba estupidez y escapismo, y ahora ganamos y la evasión parece más justificada.

A medianoche sabremos si somos campeones de Europa. Ya sabemos que somos los mejores desde que empezó el siglo XXI. Sólo en fútbol. La más importante de las cosas menos importantes.

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