Crónica personal

Pilar Cernuda

Tú misma, tú mismo

DICEN los analistas americanos que Sarah Palin ha salido con buena nota de su debate con Joe Biden. No todos la consideran ganadora, pero coinciden en que ha presentado una imagen de mujer con principios, que se desenvuelve con soltura ante las cuestiones más espinosas, que se muestra muy cercana y que no comete errores monumentales. Todo lo contrario de lo ocurrido en las entrevistas mantenidas los días previos, en los que cometió torpezas de tal envergadura que se ha convertido en la reina de youtube y de los chistes malintencionados.

Palin gana cuando es ella misma. Como ocurre siempre. En cuanto se dejó llevar por lo que le indicaban los múltiples asesores que le rodean, cuando trató de recordar la respuesta que le habían sugerido a determinada pregunta, cuando quisieron presentarla como una mujer experta en política, el resultado fue desolador. Sin embargo, ganó puntos cuando se presentó ante el público como lo que es: una madre de familia normal que vive en Alaska -un peculiar Estado americano- y con escaso bagaje político, aunque ha llegado a ser gobernadora de ese Estado.

Los ciudadanos de a pie son capaces de sentirse atraídos por quien se presente ante ellos de forma auténtica, sin dobleces. Hasta el punto de que incluso sus puntos débiles o sus defectos pueden ser un considerados aspectos a favor, entre otra razones porque nadie está libre de tener defectos y cometer errores; en cambio esos mismos ciudadanos de a pie soportan mal a quienes tratan de aparentar lo que no son y hacen caso a los expertos en imagen pública que, a pesar de que cobran millones por sus consejos, no siempre aciertan. En España estamos plagados de ejemplos que demuestran que lo que algunos asesores consideran políticamente incorrecto se convierte en el punto más atractivo del candidato. Esos asesores les cambian la ropa, el peinado, los gestos y les escriben frases estereotipadas que les convierten en irreconocibles, hasta el punto de que más de uno, con suficiente personalidad y seguridad en sí mismo, se ha rebelado ante la imposición de unas normas que nada tenían que ver con su forma de ser, de pensar y de actuar.

Sarah Palin es el último ejemplo. En la convención republicana encandiló a propios y extraños por su sencillez y espontaneidad. Convertida en figura mediática, los asesores pensaron que ahí había un filón y decidieron pulirla. Craso error, Palin se convirtió en un esperpento, dijo sandeces como catedrales y, en lugar de responder con un no sé a las preguntas incisivas, lo que no hubiera planteado mayores problemas porque nunca se peca suficientemente de sinceridad, dijo tonterías como que sabía mucho de Rusia porque está muy cerca de Alaska.

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