la ciudad y los días

Carlos Colón

El mostrador del Salvador

DECIR mostrador en la plaza del Salvador ya no supone referirse únicamente a los del pequeño café de la esquina con Cerrajería, la Alicantina o la Antigua Bodeguita. El nuevo mostrador del Salvador no tiene que ver con la hostelería, sino con el comercio. Pero tampoco se trata de los de la cerería, la zapatería de mi hermano Paco Rodríguez, Uclés, Jardilín, Luchi Cabrera o Rorro… ¿Qué nuevo mostrador de comercio que no pertenece a ninguna tienda se ha añadido a los muchos ya existentes en la plaza del Salvador? El instalado en la puerta principal de la Iglesia Colegial que da nombre a la plaza, primorosamente restaurada como se maquillan los muertos en los tanatorios americanos: para exponerlos.

En la puerta grande del Salvador tras la que sitúa el Amor en la semana de Pasión, ante la que se despliega la rampa para que por ella nazca en gozo rosa y oro la Semana Santa y por la que nos son dados el Amor y Pasión; en esa puerta mayor de tan principal templo, han colocado un mostrador para que quede claro que se trata, antes que nada, de un comercio en el que se vende historia y belleza a los turistas; y al que los sevillanos pueden acceder gratuitamente presentando el carné de identidad.

Cuando se restauró se dijo que los usos cultuales iban a convivir con los culturales. Resultó que los usos cultuales se redujeron de las dos misas diarias que se decían antes a una; y que los sevillanos que quisieran rezarle a Pasión, el Amor o el Rocío tenían que limitarse a esa única misa o identificarse como nativos devotos, enseñando el carné en el mostrador situado donde antes estaba la Virgen del Perpetuo Socorro cuya festividad se celebra mañana. La pureza restauradora exigió, por lo visto, quitar ese altarcito ante el que nunca faltaban velas y oraciones. La avidez recaudadora puso después allí el mostrador.

Unos niños decidieron esta semana de Pasión hacer lo que desde que tengo memoria hacen tantos niños sevillanos: ir al Salvador a ver los pasos. En el mostrador les pidieron los carnés. No los llevaban. Entonces les pidieron la pasta: tres euros por barba aún no nacida. Como sólo llevaban unos pocos para unas cocacolas y unas chuches se tuvieron que ir por donde vinieron. ¡Minúsculos capillitas indocumentados!

Ahora a ese mostrador se ha añadido el de la puerta principal para información turística. Estaban preocupados los explotadores del Salvador porque el museo a tiempo completo y templo a tiempo parcial no daba los beneficios apetecidos. Por eso han plantificado el mostrador blanco de información turística que tanta prestancia da a la fachada. Mendizábal del euro parecen.

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