PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

Ni museos ni mecenas

YA es una tradición que en la Velá de Triana se hable de lo que no existe: el Museo de la Cerámica. Siendo realistas, no cabe despertar falsas expectativas en el barrio. Además, tal como está planteado, mejor que cambien de tercio porque carece de rigor artístico, peso histórico y modernidad museográfica. Sevilla es una ciudad que ha vivido desde el siglo XVIII de vaciarse y malvenderse al avezado postor. Y demuestra su incapacidad para crear museos generalistas o especializados. Proyectos, todos, sensatos o no. Museo de la Ciudad, Museo de la Navegación, Museo de la Ciencia, Museo de la Aviación, de la Semana Santa, de la Expo 92, de la Cerámica... Realidades, ninguna.

Sevilla está en la cola si se elabora una clasificación europea de ciudades con la ratio de número de museos a tenor de su población. La francesa Toulouse, a la que se cita en los discursos aeronáuticos como ejemplo a seguir, tiene el doble de museos y sólo 150.000 habitantes más. La sueca Gotemburgo tiene 200.000 personas menos que Sevilla y también dispone del doble de museos. En Florencia hay 300.000 habitantes menos que en nuestra tierra pero su escaparate es de 27 museos. Oporto, con 20, nos triplica en oferta y ni siquiera nos dobla en población. Huelga compararnos con Londres, París o Berlín.

Si la Junta no hubiera creado el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, en Sevilla no se aumenta el censo de museos públicos. A la vista está que el Ayuntamiento no es capaz. Y la falta de mecenas con visión de la jugada está más que contada. Los privados que han acrecentado el panorama hispalense son el de la plaza de toros y el de carruajes. Detrás de ellos están dos sectores influyentes y feriantes: los maestrantes y los socios del Club de Enganches. Salvo que Cajasol emule a La Caixa, aquí no se ve otra opción de hacer un museo y menos aún de mantenerlo abierto.

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