La ciudad y los días

Carlos Colón

Con los ojos cerrados

ES una pena que la propuesta de Rajoy sobre el contrato del inmigrante haya sido tan mal explicada y haya quedado tan triturada en la vorágine preelectoral, porque entra de lleno en un debate irresuelto en las naciones de nuestro entorno sobre los problemas que, junto con los indudables beneficios, plantea la inmigración masiva a la que asistimos. La sociedad está cambiando a ojos vista y cerrar eso, los ojos, no nos llevará a nada bueno". Mi buen vecino José Aguilar pudo escribir esto el domingo pasado, no sólo porque es inteligente, sino porque es independiente; no sólo porque es progresista, sino porque no tiene que demostrarlo. Era necesario, y en parte alguna lo había oído o leído, que alguien abordara la cuestión de la inmigración, y el uso que de ella se está haciendo en la campaña electoral, sin manipulaciones simplificadoras.

La pobreza del momento que atraviesa la vida política española (qué distancia de González a Zapatero, de Carrillo a Llamazares, de Suárez o Fraga a Rajoy); la miseria del debate político que hace miserable cuanto toca (aunque sean cuestiones tan graves como el terrorismo, la inmigración o los cuidados de los enfermos terminales); el bajo tono intelectual de la vida pública (que va de los medios escritos a los audiovisuales, afectando por igual a políticos, intelectuales y creadores); y el empeño de los dirigentes por movilizar a sus electores crispándolos y demonizando al adversario, hacen difícil, si no imposible, abordar seriamente las cuestiones que exigen la mayor seriedad.

Y la irresuelta cuestión de la humanitaria integración de la inmigración masiva es una de las más serias. Si en este país la torticera estrategia electoralista logra hacer creer que proponer planes razonables de integración de los inmigrantes equivale a xenofobia, y que la posición progresista consiste en cerrar los ojos ante esta cuestión con un "toe r mundo e güeno" (a eso suena el Defender la alegría que, con inteligencia mercantilista y publicitaria, puede darle a Zapatero buenos resultados: ¿acaso no estamos en la era de la política-ficción y la tele-democracia?), habremos hecho un flaco favor tanto a los inmigrantes, que tienen derecho a que se regule una acogida que garantice sus derechos y señale sus obligaciones, como a los ciudadanos españoles, que tienen derecho a que el Estado garantice que la inmigración sea el bien que es si se ordena y no el mal que puede llegar a ser si se cierran los ojos ante esta realidad.

La sociedad está cambiando sin que la clase política parezca darse cuenta de los nuevos desafíos que le presenta.

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