Un día en la vida

manuel Barea /

En papel y en plasma

LA víspera del Domingo de Resurrección murió la edición impresa del periódico londinense The Independent. Antes de pudrirse el cadáver se reencarnó en su versión digital. Era imposible la convivencia entre ambos. La cohabitación no funcionaba. Era inviable, según su propietario. The Independent tuvo su funeral en los obituarios de otros periódicos, que aún resisten. Aquí nos acordamos de él: otro que deja el papel -como una persona que deja el tabaco, el alcohol, algo nocivo- y se pasa a los microchips, a los circuitos, al software, a la fibra óptica, al plasma -como quien se rinde al danacol, al pavo sin grasas-. Sé que eso es así, lo que queda por venir, me lo dicen mucho, como una letanía, en el periodismo, en la vida.

Pero no es tiempo de lágrimas -al menos no hay que mostrarlas, no hay que darle a algunos ese gustazo-, aunque no consigamos evitar el rechinar de dientes al sentir la palmada en la espalda y asistir a discursos de compromiso de salón que enaltecen a boca llena la sagrada función social de los medios de comunicación y defienden la libertad de expresión como piedra angular de la democracia. Asistimos entonces a un cloqueo plañidero de fariseos que con golpes de pecho y el gesto contrito lamentan el fin de un periódico. Suelen ser políticos que acuden al velatorio para presumir de solidarios y, sobre todo, de defensores de una información veraz, libre, independiente, objetiva, sin cortapisas y de los periodistas como garantes de... bla bla bla. Es ese un momento oportuno para recordar a Humphrey Bogart interpretando a Ed Hutcheson, el director de The Day en la película El cuarto poder, de Richard Brooks. Ante la amenaza de cierre, con la redacción hirviendo y en las calles una organización mafiosa dando de todo menos pomada a uno de sus reporteros, alguien recuerda a Hutcheson que tiene una cita inminente con el alcalde.

-¡Al cuerno el alcalde! Lo único que le preocupa es quién le apoyará para su reelección si cerramos -replica el director. Está todo dicho. No hay más que hablar.

Vale. The Independent en papel ha muerto. Pero queda su hermano pequeño en la web, y confiamos en que se irá haciendo grande. Sus lectores no se mancharán con tinta, quizá les aumente la presbicia, pero seguirán sabiendo qué pasa en el mundo y qué pretenden hacer con él los poderosos y los sinvergüenzas.

Como ha hecho aquí, en este periódico, Antonio Fuentes, uno de los nuestros, al que está dedicado este artículo.

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