Fco. Sánchez Zambrano

El paraíso arrinconado

Las 'hipotecas' del recinto militar de El Retín y del Parque Natural de La Breña y las cortapisas de Europa a la pesca han cercenado las opciones de desarrollo de un pueblo que busca su resurgir

POCOS lugares de Andalucía tienen tantos atardeceres imborrables como Barbate. Desde el muelle pesquero, desde un acantilado de la Breña, desde la playa del Carmen, desde Zahara de los Atunes, desde los Caños de Meca, desde el mítico faro de Trafalgar... Ésa es una de las suertes -algunos se atreven a decir que la única- que tienen quienes viven en este idílico enclave del sur de la provincia de Cádiz y que, tanto por errores propios como ajenos, se ha convertido en el paraíso arrinconado de Andalucía.

¿Cualquier tiempo pasado fue mejor en Barbate? A día de hoy, y mirando los datos con frialdad, la primera respuesta invita a pensar que sí. Porque hace 30 años este municipio costero disfrutaba a su modo de su Sierra del Retín, de los recovecos y productos naturales de la Breña, del maná de peces que daban los caladeros marroquíes, de cientos, miles de puestos de trabajo que surgían al albur de la lonja y de un verano de renombre a gusto de todos, con playas vírgenes, conciertos con artistas de primer nivel, una Feria del Carmen que era punto de encuentro de muchos gaditanos y hasta con la que muchos señalan como la primera playa nudista que hubo en la Península, la de los Caños de Meca. Y poco queda hoy de todo eso.

Hay una evidencia: tanto hace 30 años como ahora, Barbate era y sigue siendo el referente de la pesca andaluza. Hay que bajar varios escalones para encontrar otros municipios, sobre todo del litoral onubense, que hayan vivido tanto de la mar como lo ha hecho Barbate. Pero hay un dato que refleja con toda crueldad el declive de este sector económico: hace apenas tres décadas en los barcos pesqueros de esta población iban enrolados unos 2.000 marineros y hoy hay poco más de 400.

Todo cambió en Barbate a mediados de los 80. No es que fuera por culpa de la autonomía, que conste, porque en esa época la Junta posibilitó la ampliación de la red de alcantarillado y trajo diversos equipamientos e infraestructuras. Pero fue en esa época cuando llegaron demasiadas hipotecas inesperadas. La primera vino desde Madrid, cuando el Estado expropió el Retín para declararlo afecto a la defensa nacional. Hoy, echando la vista atrás, los barbateños se sienten estafados porque lo que dispuso Defensa en ese amplio espacio fue un simple campo de adiestramiento, quedando muy lejos las infraestructuras militares y, sobre todo, el movimiento de dinero del que sí han disfrutado, y en cierto modo disfrutan aún, municipios cercanos como Rota o San Fernando.

Y luego llegó otra bofetada desde Sevilla, cuando la Junta declaró el Parque Natural de la Breña y Marismas del Barbate que cercenó de raíz cualquier aprovechamiento económico que pudiera dar -e incluso daba, aunque no a raudales- este espacio natural.

Pero ahí no quedó todo, porque a finales de los 80 llegaría el primer batacazo serio de Barbate con la finalización del primitivo acuerdo pesquero con Marruecos. Nadie lo esperaba y, por ello, a los barbateños les costó reaccionar y amoldarse a la nueva situación. En un pueblo que miraba exclusivamente hacia el mar, aquello fue un revés demasiado duro de soportar, y más cuando las negociaciones para renovar aquel acuerdo se prolongaba un año, y otro y otro... Llegó entonces la primera ola grande de emigración de barbateños en busca de un sustento.

Se cuenta en Barbate que en la década de los 80, en plena ebullición de dinero en la lonja, un chaval de 14 ó 15 años podía ganar en apenas unas horas cargando cajas de pescado hasta 1.000 pesetas de las de entonces, una cantidad sin duda inalcanzable para cualquier otro chaval de su misma edad. E imagínense cuánto podía ganar cualquier adulto dedicado a estos u otros fines.

Pero todo se acabó de la noche a la mañana... y llegó la droga como fórmula de enriquecimiento rápido. Los narcos empezaban a campar a sus anchas, haciendo muestras ostentosas de sus ganancias y, lo peor quizás, convirtiéndose en referentes sociales, en los ejemplos a seguir para la sociedad contemporánea. Y surgieron los busquimanos, chavales que por cargar unos fardos en la playa ganaban dinero a espuertas. Y en Barbate entraban hasta 10.000 kilos de droga al día.

Pero si el nombre de Barbate ya estaba manchado, para colmo estallaba, también hace 20 años, el caso Puerto de la Plata, origen de todo el caso Guerra que puso con la soga al cuello al entonces vicepresidente del Gobierno. Barbate volvía a ver cómo su nombre aparecía en todos los telediarios, pero de nuevo vinculado a un asunto sucio.

Han pasado los años y hoy Barbate sigue siendo el mismo paraíso de siempre, pero más arrinconado que nunca. A su imposibilidad de tener suelo para crecer se suman las cortapisas continuas de la Unión Europea -la extinción antes de tiempo del acuerdo pesquero con Marruecos ha sido el remate- y la agonía de unas arcas municipales entrampadas hasta los ojos y con la plantilla municipal exigiendo un día tras otro el pago de las nóminas atrasadas.

Pero Barbate no está muerto, que se sepa. Bien al contrario, los vecinos de esta población, optimistas como pocos, creen ver no una sino varias luces al final del túnel. El parque industrial que empieza a asentarse ahora 12 años después de su relanzamiento, las propuestas planteadas desde el Ayuntamiento para potenciar el puerto, las riquezas que siguen aportando las almadrabas, pese a los frenos de Europa, el paulatino recorte de la plantilla municipal para que las arcas del Ayuntamiento ganen liquidez y la activación del complejo hotelero de Trafalgar son sólo algunas opciones que invitan a pensar que el resurgir de ese paraíso que se llama Barbate no está tan lejos.

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