La esquina

El partido de Mariano

YA está más que hecha la lectura política del nuevo equipo dirigente del PP de Rajoy: Javier Arenas -a quien sus enemigos dan por políticamente muerto con tanta pertinacia como él sale siempre a flote- ha reforzado considerablemente su poder interno y la cúpula básica de la organización tiene un inequívoco aire de centrismo y moderación.

Se puede hacer también una lectura sociológica, que es igualmente importante. Con los propios Rajoy y Arenas como nexo de unión entre el pasado y el presente, los demás altos cargos del nuevo PP (Sáenz de Santamaría, De Cospedal, Matos y González Pons) representan la irrupción de una nueva generación de líderes criados en el aznarismo, sí, pero con vida y pensamiento propios. Una generación que no responde al perfil clásico de la derecha española.

Tomemos el caso de María Dolores de Cospedal, la inminente secretaria general. Poco tiene que ver con la imagen de la mujer conservadora tradicional. Es divorciada, partidaria de la ley del divorcio exprés promovida por el Gobierno socialista en la legislatura anterior y madre soltera que lo fue -madre- mediante la fecundación in vitro. Menos aún tiene que ver la número dos del principal partido de la oposición con su antecesor en el cargo, Ángel Acebes, de quien recuerdan sus compañeros de estudios adolescentes que era el que ponía los discos en los guateques; no hace falta que les diga por qué.

También son divorciado Esteban González Pons, con descendencia de dos mujeres diferentes, separada Ana Matos y casada por lo civil Soraya Sáenz de Santamaría. Dios mío de mi alma, ¿esto es la dirección de un partido conservador o un catálogo de los distintos tipos de familia existentes en la España contemporánea? En serio: el Partido Popular de Rajoy, segunda fase, se ha propuesto mirarse en el espejo de la sociedad y reflejar en su dirección lo que se vive en la calle en cuanto a las libres opciones sexuales, familiares y morales de los ciudadanos. Se sabe que hay en el congreso una potente corriente de opinión para que este partido retire el recurso contra la ley del matrimonio homosexual, para lo cual sólo haría falta poner el énfasis en lo sustancial, que es la igualdad y la libertad de los ciudadanos, y no en lo accesorio, que es que a la unión de personas del mismo sexo se le llame o no matrimonio.

En fin, todo esto va definiendo a un Partido Popular nada confesional, no dogmático en materia de costumbres y moral, y autónomo en sus planteamientos y decisiones con respecto a instancias y poderes varios acostumbrados a hacer política sin correr los riesgos de la política. A mí me gusta, porque es bueno para la higiene y la salud del sistema democrático.

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