al punto

Juan Ojeda

Otro partido

DESDE que el miércoles pasado Mariano Rajoy dio a conocer los nombres de su Gobierno, cumpliendo exactamente con los tiempos que él mismo se había marcado, es mucho lo que se ha dicho, escrito, opinado, alabado y criticado sobre las virtudes y defectos del nuevo Ejecutivo. Lo normal, vamos. Así que no es cuestión de insistir con más opiniones, salvo dejar constancia de que me parece uno de los gobiernos mejor compensados de los últimos tiempos.

Se trata ahora de ver cómo va a afectar esto a la vida política en Andalucía, teniendo en cuenta que, al haber elecciones autonómicas dentro de tres meses, las relaciones entre el gobierno del PP y la Junta del PSOE van a tener un significado especial en este tiempo que ya podemos calificar de campaña. Como es lógico, la Junta intentará hacer ver que las primeras medidas que adopte el Gobierno, son contrarias, bien a los intereses generales de Andalucía, como ocurrió en el 96, o bien que los ajustes y recortes que puedan hacerse perjudican fundamentalmente a los sectores más desfavorecidos y atentan contra una serie de logros sociales, como sanidad pública, educación o dependencia. Así lo ha venido haciendo hasta ahora en la permanente comparativa entre lo que hacen las comunidades gobernadas por el PP. Con ello lo que intentan decir, más o menos, es que si los andaluces le dan el poder al PP, nos puede caer encima la del tigre, sin acordarse, claro está, de lo que nos ha caído ya en estos últimos años sin que gobierne el PP.

Por su parte, el Gobierno de Rajoy, consciente de que en Andalucía se juega la conquista del último bastión, considerado hasta ahora como irreductible, tendrá que hacer, además de una labor inteligente de comunicación, una serie de gestos que los andaluces consideren que son fruto de una intención política beneficiosa para ellos. Se trata de hacer y explicar, de forma que, en caso de adoptar medidas duras -a lo ya tenemos hecho el cuerpo- que el hambre de hoy es pan para mañana.

Los gestos con Andalucía quien mejor los puede diseñar es Javier Arenas, que no sólo es el presidente del PP andaluz y candidato a la Presidencia de la Junta, sino que tiene un más que notable nivel de influencia en la cúpula popular. Eso se ha visto en el nombramiento de los ministros, y no sólo en lo que se refiere a Montoro, Arias y Báñez, sino en algunos más. Y se encuentra ahora en unas condiciones mucho mejores que las de hace 15 años, porque lo lógico es que cuente con un respaldo importante en la acción del Gobierno de España. No hay que olvidar que en las tres ocasiones anteriores en que Arenas fue candidato, en Madrid gobernaba el PSOE. Ahora está jugando otro partido.

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