Al punto

Juan Ojeda

28-F: pasado, presente y futuro

HOY es obligado escribir sobre el 28-F porque, fastos oficiales aparte, celebramos varios buenos recuerdos. En primer lugar, como es lógico, conmemoramos el día en que los andaluces decidimos demostrar democráticamente nuestra voluntad de ser una autonomía de primera. Lo conseguimos a pesar de las presiones gubernamentales, propaganda adversa, en la que se nos venía a decir que ése no era nuestro referéndum, incluso superamos el texto ininteligible de una papeleta absurda. Votamos para no quedarnos atrás, porque sabíamos lo que queríamos y lo dijimos. Y hay que celebrarlo, porque no siempre es así, como también hay que recordar que lo que hizo Andalucía aquel 28-F fue decisivo para marcar el rumbo de lo que sería el desarrollo autonómico en España. Precisamente porque los andaluces nunca habíamos entrado en la confrontación identitaria entre lo español y lo andaluz, aquello tuvo más mérito, y señaló un camino que luego otros recorrieron.

En aquellos momentos, los andaluces nos sentimos orgullosos de serlo, y precisamente las dificultades superadas hicieron más valioso el haberlo alcanzado. De ahí que lo ocurrido ese día y cómo cada uno se había situado antes de cara a esa fecha, marcó nuestra historia política en los últimos treinta años. La postura a la contra, que mantuvo el gobierno de UCD y que originó alguna escisión importante en sus propias filas -como la del entonces ministro Manuel Clavero- ha condicionado desde entonces lo que en muchos aspectos, y también en el electoral, ha venido ocurriendo en nuestra comunidad. Al Partido Popular, heredero en gran parte de aquella UCD, le ha pesado como una losa el reproche de antiandalucismo que aquello supuso.

Ha tenido que pasar mucho tiempo, y ha hecho falta mucho esfuerzo, además de un profundo cambio social y generacional, para que aquel recuerdo se diluya, y para que el PP hoy, 28 de febrero de 2011, esté en condiciones de ser la fuerza más votada en Andalucía. También es cierto que a eso ayuda el cansancio que producen treinta años de gobiernos del mismo signo, además del deterioro que una crisis como la que vivimos produce en quien gobierna. Pero, sobre todo, ha sido decisivo en este cambio el hecho de que el PP de Javier Arenas se sumase -aunque eso también tiene su historia- a la aprobación del nuevo Estatuto de Andalucía. Eso que, entre otras cosas, era un inteligente acto de redención, que ayudó definitivamente a olvidar el lastre de un gran error político, se ha convertido en un valor cotizable. Es por eso que hoy las encuestas dicen lo que dicen, y la gente se cree lo que se cree. Lo contrario del PA, que se quedó fuera y sigue fuera. Hoy es 28-F, que nos debe servir para revisar el pasado, analizar el presente y luchar por el futuro.

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