La ventana

Luis Carlos Peris

Cuando la picaresca se deshumaniza

ESTÁN pasando cosas que nadie hubiera podido imaginar. Cosas que recuerdan un tiempo que fue tan injusto como éste, pero en el que los niveles de miseria eran tales que ni el más pesimista hubiese pensado que podría revivirlos. Un tiempo que fue el de la posguerra más larga y en el que surgieron timos como el tocomocho o estafas como aquella del lotero Escámez, fraudes que eran hijos del hambre, de aquella miseria en un paisaje de carteristas, descuideros y colilleros, que ya hemos visto hogaño algún que otro de éstos cuando el estado del bienestar aún tenía su cuerpo caliente. Este llanto es por la estafa que han sufrido casi mil vecinos de una de las zonas deprimidas de Sevilla, la que se ubica en el norte de la Macarena. Estafa inhumana de un desaprensivo emitiendo unos bonos para hacerse con alimentos básicos inexistentes y que ha llevado a la desesperación a una gente ya instalada en la desesperanza.

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