La tribuna

Alberto Priego

Un polvorín en el Atlas

EL norte de África es un polvorín, y no lo digo por la Kadima, sino por la mezcla de autoritarismo, pobreza y colonialismo que se vive en sus zocos. Este caldo de cultivo es perfecto para los islamistas que buscan acólitos para sus disparatadas causas. Son muchos los grupos que actúan en esta zona -Grupo de Combatientes marroquíes, el GIA etc…-, aunque desde que lograra la suspensión del Rally París Dakar, Al Qaeda en el Magreb Islámico parece centrar todas las miradas.

Se trata de una organización que ha radicalizado sus posturas desde su vinculación con la red terrorista que dirige el yemení Ben Laden cuando dejó de llamarse Grupo de Combatientes Magrebíes para la Predicación y el Combate y cambió el nombre por el de Al Qaeda en el Magreb Islámico (Haz La). Al mismo tiempo, gracias a distintas acciones sanguinarias, incrementó su presencia en las portadas de los periódicos internacionales. Los objetivos de la organización terrorista más importante del norte de África tiene dos claras líneas:

Por un lado, buscan derribar a los gobiernos apóstatas de la zona a quienes considera colaboradores de Occidente, especialmente de Francia, EEUU y España. Así, sus acciones en el Magreb se han centrado principalmente en Argelia y en menor medida en Marruecos. Sin embargo, en los últimos años su punto de mira también se ha dirigido más al sur, concretamente a Mauritania, Malí e incluso Níger. El Gobierno de Nouakchott, sin olvidar el de Argel, se ha convertido en una de sus obsesiones, tal y como muestra el atentado suicida del pasado agosto en la capital, las continuas amenazas o, en lo que a nosotros nos afecta, el secuestro de los tres cooperantes españoles.

Por otro lado, tal y como muestra dicho secuestro, Al Qaeda en el Magreb Islámico busca atentar contra los intereses occidentales ya sea en el propio Magreb o en territorio europeo. El deseo de golpear en Europa no es nuevo, ya que hace años que se están deteniendo activistas en Europa: en 2005 en Málaga, en el marco de la operación Green, o en Amsterdam, donde se capturó a Abdelhamid Bouchera, implicado en el asesinato del cineasta Theo Van Gogh.

Sin embargo, tenemos que decir que las acciones en contra de los intereses occidentales se han incrementado desde su vinculación con la red terrorista Al Qaeda. Al Zawahiri, siguiendo órdenes de Ben Laden, ha lanzado todo tipo de arengas contra Occidente en general y contra España y Francia en particular. Entre todas ellas podemos destacar que Haz Laz debía convertirse en "una espina en la garganta de los cruzados" (Francia, EEUU y aliados), el deber de los musulmanes magrebíes de reconquistar Al Ándalus o las continuas alusiones a Ceuta y Melilla como territorios ocupados.

La situación de la zona es altamente preocupante y muestra el fracaso de las políticas occidentales en la región. Ni los estados europeos ni los Estados Unidos han sabido frenar el auge del islamismo que asoma la cabeza por el estrecho desde hace ya muchos años. Ni los rimbombantes planes antiterroristas de los Estados Unidos -el Plan Sahel o la famosa TSCTI- ni las millones de iniciativa europeas (5+5, Proceso de Barcelona, Diálogo Mediterráneo de la OTAN, etc…) han sido capaces de frenar el avance imparable de los grupos islamistas, que en muchas ocasiones se presentan como la única opción de una población desesperada por la pobreza y por las continuas violaciones de los Derechos Humanos.

La llegada de Obama puede ser un revulsivo en el Norte de África. La tradicional relación entre EEUU y Marruecos -el reino aluita fue el primer país que reconoció su independencia- parece estar amenazada, tal y como se desprende de la indiferencia de Washington por el plan de autonomía marroquí para el Sahara. Hasta en tres ocasiones EEUU ha despreciado dicho plan: la primera, en la carta enviada por el propio Obama al monarca Mohamed VI; la segunda, en la intervención de la embajadora Rice cuando el Consejo de Seguridad trataba el tema del Sahara, y la tercera, en la comparecencia del nuevo embajador en Rabat ante el Senado norteamericano. En ninguna de estos tres casos se hizo mención a la oferta alauita, lo que ha sido interpretado como un acercamiento a Argelia.

Si hasta el momento el principal activo marroquí para ser la potencia regional era ser el bastión de la lucha contra el islamismo, hoy gracias a las acciones de Haz La esta posición parece más débil. Por el contrario, Obama se muestra más favorable a un equilibrio regional en el que ninguna potencia domine la zona y, quién sabe, igual en el futuro poder establecer una base que evite la desestabilización del Mediterráneo.

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