la ciudad y los días

Carlos Colón

¿Y si el problema fuera España?

Ysi el problema no fuera izquierda o derecha, sino España? ¿Y si no fuera laicismo radical o nacional catolicismo, sino España? ¿Y si no fuera nacionalismo españolista o nacionalismo vasco y catalán, sino España? ¿Y si, con independencia de que sea de uno u otro signo, esa fuerza empeñada en frenarnos cuando avanzamos, hacernos desandar lo andado o derribar cuanto construimos fuera la España que Goya visualizó en su pintura negra de los dos luchadores que se matan a palos enterrados hasta las rodillas?

Recurramos a la memoria histórica. En mayo de 1937 escribía Azaña: "El Parlamento, muy a mi pesar, no funcionaý Tampoco hay prensa. Los periódicos parecen escritos por la misma mano; no imprimen más que diatribas 'contra el fascismo internacional' y seguridades de victoria, con más disputas entre sindicatos y comités. Ni asomo de indicaciones políticas útiles. Los partidos tampoco funcionan, fuera de recolectar prosélitos de cualquier manera y de toda procedencia, y de repetir lugares comunes sobre la revolución". Cinco meses más tarde escribía: "Hay o puede haber en España todos los fascistas que se quiera. Pero un régimen fascista, no lo habrá. Si triunfara un movimiento de fuerza contra la República, recaeríamos en una dictadura militar y eclesiástica de tipo español tradicionalý Sables, casullas, desfiles militares y homenajes a la Virgen del Pilar. Por ese lado, el país no da otra cosa". En el lado opuesto, que no era la República democrática sino el extremismo anarquista o comunista, tampoco daba el país mucho más: "Los anarquistas -anotaba- han matado también a mucha gente (menos que los 'autoritarios', sin duda; pero tan criminales son los unos como los otros)".

Creímos que estas cuestiones eran cuestión del pasado y que esa idea de España como problema (Laín Entralgo), dolor (Unamuno), sinfonía interrumpida (Maeztu) o cainita dualidad que hiela el corazón (Machado) era una indeseable herencia del siglo XIX, infectada en el XX y superada en la Transición. Pero la falta de entendimiento entre el PSOE y el PP desde el terrible 11 de marzo de 2004, la política imprevisora del primero y la oposición cerril del segundo, la deslealtad de los partidos nacionalistas, la involución de la Conferencia Episcopal o los ataques (frívolos o políticos) a la Corona parece que quisieran resucitar la tradición del estacazo. Como hizo Joan Tardá en su vergonzosa intervención del viernes pasado en el vergonzoso último debate de la legislatura, vergonzosamente presidido por Carmen Calvo, defendiendo a ANV y acusando a Fraga de tener las manos manchadas de sangre.

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios