Las empinadas cuestas

Amparo Rubiales

El regreso

HOY termina agosto, y con él las vacaciones de algunos, porque aunque nos empeñemos en hablar como si todos las disfrutaran, no es cierto; hay mucha gente que no puede permitírselas, por diversas razones, fundamentalmente, de salud o económicas: o tienen pocos recursos o están en vacaciones permanentes y no deseadas, pero como vivimos en una sociedad de hábitos convencionales, todo está predeterminado, y de todo opinamos como si no hubiera gustos distintos entre nosotros; ocurre siempre en Navidad, Semana Santa y agosto, el mes oficial para pasar unas estupendas vacaciones.

He leído que el 51,4% de los trabajadores se han quedado sin veraneo este año, y no sólo por razones de desempleo, pues de entre los que si lo tienen, el 35,9% tampoco ha disfrutado de vacaciones; los inmigrantes carecen más de ellas y los que no tienen ni empleo ni estudios aún más; como a mayor nivel formativo suele haber mayor salario, la posibilidad de tener vacaciones está en función de ello. Capacidad económica y estabilidad laboral son necesarias también para su disfrute, cosa que, aunque sabemos, casi nunca explicitamos. Algunos/as las disfrutan todo el año.

Pues bien, hablemos ahora de ese sector de la población que son las mujeres, con empleo o sólo amas de casa, -las mujeres siempre trabajan más, las que trabajan, claro-, y pregúntenle cómo han sido las vacaciones en esas playas de nuestras costas que son, por otra parte, maravillosas, y lo más probable es que aseguren que han sido estupendas, porque les han permitido cambiar de lugar, han salido de calor sofocante de la ciudad, para pasar al de la playa y han roto su rutina, pero de verdad ¿cómo han sido sus días? ¿Han tenido que ir al mercado, arreglar la casa, preparar las comidas y andar todo el día pidiéndole al compañero que le ayude con los niños? Cuando lo consiguen, dicen muy satisfechas: "Mi marido es muy bueno porque me ayuda mucho". ¿Se habrá retirado ya este vocabulario y esta concepción de la vida de las mujeres? ¿Realmente es esto descanso? ¿Dejará de ser función nuestra lo del cuidado y el agrado? Espero que sí, por lo menos en las parejas más jóvenes, en las que ambos trabajan, que son, afortunadamente, muchas, y que compartan, de verdad, sus vidas diariamente; las vacaciones, dicen, producen muchas rupturas, y más en época de crisis; se están reduciendo las separaciones y divorcios y, como siempre, serán las mujeres las principales sufridoras de esta bonita paz conyugal que la normalidad supone. A mí me gusta ésta, pero comprendo que soy una persona, por muchas razones, muy afortunada, pero admito opiniones contrarias.

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