Plaza nueva

Luis Carlos Peris

¿Ni siquiera el 'La,la, la'?

AHORA resulta que ni siquiera el premio de Eurovisión que Massiel se trajo a España fue logrado legítimamente. A este paso, nada de lo que vivimos habrá sido verdad, ¿todo un sueño?, qué barbaridad que ahora todos supiesen que el La, la, la fue una mierda convertida en gloria nacional gracias a Franco, como si al dictador le importase una higa Eurovisión. A raíz de lo que La Sexta ha publicado, todos estaban en la trama, desde Ussía al que pesca en ruin barca, desde José María Íñigo al Dúo Dinámico pasando por Lola Flores, que en paz descanse. Todos estaban al loro de que sobornando a Bulgaria, Rumanía o Polonia, países todos ellos que se llevaban a partir un piñón con Franco, estupendamente, fue cómo Fraga y Rosón lograron que el La, la, la que Serrat quiso cantar en catalán podría con aquel inglés Cliff Richard y su magnífica Congratulations.

Algo debe ser cierto aunque Massiel brame por ese momento cumbre de su vida que ahora quieren embarrar desde los frentes más diversos. Que países tan mal avenidos con el fascismo patrio, regímenes comunistas en su mayoría, votasen el monocorde La, la, la ya extrañó por aquel entonces, pero se miró para otra parte porque España estaba necesitada de un reconocimiento extranjero. El Cordobés, Manolo Santana y el Real Madrid eran los principales embajadores de Franco en el extranjero, un triunfo musical le venía estupendamente al régimen y era acogido con un entusiasmo febril por un pueblo asfixiado y que veía a Inglaterra como la Pérfida Albión, a las francesas como unas libertinas con pecaminosa lencería, a las suecas pan comido y los rusos tenían unos cuernos que no se les notaba por, seguramente, una alarmante falta de calcio.

Ciertamente, aquel 6 de abril de 1968, el país enterito se arremolinó ante el televisor para ver lo único que había, el concurso musical de Eurovisión. Ese primer sábado de abril del 68 se produjo una noticia que compitió con lo de Massiel en el Albert Hall londinense. Fue que el barcelonista Benítez se había muerto en horas por la hepatitis que causó una fatal reacción medicamentos-alcohol, disfrazada con una ingesta de mejillones, y se aplazaba el Barça-Madrid del domingo. Sólo había Massiel, cantante de voz poderosa y anatomía similar, y que se había dado a conocer con una canción de Luis Eduardo Aute llamada Rosas en el mar. Cuando José Luis Uribarri iba dando el recuento de votos y la utopía de que Massiel ganase iba dándole paso a una espléndida realidad, España entera iba a hacerle coro a la racial cantante, Serrat era un rojo y nadie pensaba que aquello estaba amañado. Sin embargo, a los cuarenta años, siempre cuarenta años en nuestras vidas, todos parecen al loro del fraude.

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