La esquina

josé / aguilar

El subcampeón está maldito

AVISO a especuladores: la abultada abstención y la especial naturaleza de las elecciones de mañana desautorizan cualquier lectura de sus resultados que pretenda extraer conclusiones definitivas sobre la política nacional. Serán significativas, qué duda cabe, y tendrán influencia en el panorama doméstico, pero no determinantes de la política española a medio plazo.

Aclarado lo cual, y con todas las cautelas de rigor, paso a sugerir que el 25-M será singular también por sus consecuencias en las fuerzas políticas que concurren. Ésta es la singularidad: solamente habrá un partido perdedor en sentido estricto. Los partidos digamos "terceristas" (IU y UPyD) obtendrán sendas victorias porque parten de una simbólica representación en el Parlamento Europeo salido de 2009 y van a multiplicarla mañana. Lo mismo ocurrirá con las pequeñas formaciones capaces de alcanzar siquiera un escaño. El que nunca han tenido.

¿Quién va a perder, entonces? Pues aquel de los dos grandes partidos, PP y PSOE, que quede por debajo del otro. No le van a servir la socorrida comparación con elecciones anteriores, el abstencionismo de su electorado o el hipotético triunfo de sus correligionarios en Europa. Será señalado por la derrota. A partir de las once de la noche, PP o PSOE habrán sacado más votos y más escaños que su rival y PSOE o PP estarán en un inútil segundo lugar. Ganadores o perdedores. No hay más.

De modo que los que en España se la juegan son Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba, no Miguel Arias y Elena Valenciano. Con una diferencia sustancial: si pierde Rajoy seguirá siendo presidente del Gobierno con el respaldo de todo su partido porque una derrota en el Europarlamento no le obligará a anticipar el final de la legislatura y convocar las generales; si pierde Rubalcaba, adiós Rubalcaba. Su liderazgo, ya en entredicho desde 2011, estará herido de muerte. No le van a dejar que convoque las primarias para candidato a la Moncloa siguiendo él de secretario general. El horizonte más previsible apuntaría a un congreso socialista extraordinario del que ha de salir un líder nuevo a todos los efectos. Para el partido y para la sociedad.

Rajoy, si es vencido, puede agarrarse a la recuperación económica como esperanza para remontar. Si el vencido es Rubalcaba, no podrá agarrarse a nada. Los suyos lo impedirán. El subcampeón está maldito. Nadie se acuerda del segundo en la pelea.

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