desde el fénix

José Ramón Del Río

La suerte de Griñán

NO cabe duda de que a José Antonio Griñán no le acompaña la suerte. Es, nuestro presidente, un hombre culto, inteligente y preparado, por encima, por sus cualidades intelectuales, de los políticos que disfrutamos. Pero está más que comprobado que el éxito en política no es consecuencia del intelecto, sino que son otras cualidades, como el afán de servicio (incluido el servilismo), las adhesiones a otros (inquebrantables o quebrantables) y la capacidad de maniobra, las que pueden procurarlo.

Griñán, que debe la Presidencia de la Junta a la mayoría absoluta obtenida por Chaves, quiso también ser secretario general del partido en Andalucía, promoviendo un congreso al efecto. Para ello tuvo que disgustar a su íntimo amigo y hasta entonces mentor, Manuel Chaves, que le dejó hacer, sin mucha convicción. Investido, se le ocurrió entonces, quizás para rejuvenecerse, que todo el mundo le llamara Pepe y nombrar para puestos claves a jóvenes y jóvenas con menos cintura que los toros de Guisando y que en sus intervenciones se empeñan en negar la evidencia. El argumentario defensivo que emplean en el caso de los ERE, primero diciendo que era cosa de tres o cuatro sinvergüenzas y luego, que ellos han sido los que denunciaron la corrupción y aportaron de oficio toda la documentación necesaria para su fiscalización, no tiene más explicación que nos creen tontos a todos o que son ellos los tontos de solemnidad.

No ha sido cosa de mala suerte, sino de petulancia intelectual, lo de su "neutralidad activa" en el congreso que acaba de celebrarse. La única actividad en la neutralidad es precisamente no hacer nada para favorecer a uno, y mientras que repetía su inexplicado y pretencioso eslogan, su número dos portaba, antes del congreso, una pancarta manifestando que Sevilla estaba con uno de los candidatos, precisamente la que no ganaría, haciendo así añicos la neutralidad activa proclamada. Gracias -otra vez- al que fue su gran amigo Chaves será presidente del PSOE a nivel nacional y gracias también a que, por la cercanía de las elecciones andaluzas, no podían dejarle con una mano delante y otra detrás, mostrándole al electorado como el perdedor del congreso.

Por sus dotes intelectuales, el señor Griñán podrá ser un eminente profesor, un culto conversador, capaz de conseguir amigos, aunque él no les corresponda, pero carece de habilidades políticas y, sobre todo, de olfato. Su suerte futura va a depender de si sus compañeros de partido consideran que están ante una emergencia catastrófica y tiran todos del carro, aparcando sus diferencias, o si, desalentados por las encuestas, deciden hacerse el haraquiri, continuando la pelea.

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