El poliedro

José Ignacio Rufino / Economia&empleo@grupojoly.com

La trampa de la falta de liquidez

La picaresca para conseguir liquidez con que pagar gastos corrientes afecta también a las instituciones públicas.

UNOS años antes de la Segunda Guerra Mundial, Keynes enunció una teoría llamada La trampa de la liquidez (aseguraba en ella, por decirlo en corto, que cuando los tipos de interés están bajos, bajarlos aún más mediante inyecciones de dinero podía no sólo no estimular la inversión y el consumo, sino conseguir lo contrario). La situación es hoy distinta porque la liquidez -su falta- es la fuente de todas las parálisis, por lo que podemos jugar con el nombre acuñado por Keynes para caracterizar la carestía de financiación vigente. La falta de liquidez produce curiosos monstruitos. Perversiones del tráfico mercantil, picardía de supervivencia. También el sector público las perpetra. La falta de dinero fresco, igual que sucede a nivel familiar, agudiza el ingenio. Pongamos un caso verídico, y andaluz.

Una empresa se dedica a las obras públicas. Para licitarlas, necesita acreditar que está al corriente en sus obligaciones con Hacienda y la Seguridad Social. Esta última, aparte de esto, ha sancionado a la empresa por algo que, supuestamente, estaba mal hecho en sus contratos. La empresa, antes de pagar, puede recurrir, como es de ley. Se ve obligada, eso sí, a depositar un aval que le concede un banco. Si gana el recurso, quita el aval y santas pascuas. Si pierde, paga, o la Seguridad Social ejecuta el aval. Pura ley, uso y costumbre. Pero, quieto, ahora te exige la autoridad laboral que deposites el dinero contante y sonante. Si no, te dice el funcionario -un mandao- que no te da certificado de estar al corriente en tus pagos, y no podrás optar a conseguir obras. Cuando, tras decenas de meses, la resolución sea, pongamos de nuevo, favorable a la empresa, el dinero en cuestión será devuelto a la misma. Mientras, la Seguridad Social se ha financiado fácilmente en un contexto de no-financiación, y puede incluso que, cuando llegue la hora de devolver, la empresa ni exista. Un abuso, provocado por la sed de efectivo para pagar nóminas. Instituciones públicas que, cual alfas y epsilons de Un mundo feliz ávidos de soma, buscan billetitos frescos como sea. Cabe poner ejemplos similares en multas, complementarias y embargos varios. Las empresas, las instituciones -incluido el Gobierno, claro está- y los particulares maquinan para trabajar en los ingresos, una vez bastante exprimida la vía alternativa, recortar gastos. La liquidez, qué término tan simbólico. El cactus en la travesía del desierto. El príncipe Vlad que relame los restos de sangre fresca en la cuchilla de afeitar de su joven huésped.

La liquidez congelada tiene que ver con los bancos, claro. La gran fiesta del crédito fácil creó mucho dinero que hoy se ha evaporado: no hay la misma cantidad de líquido, sino mucha menos, por mucho que se afirme que el dinero está guardado porque es miedoso, cosa que es cierta pero no lo explica todo. Los bancos tienen dañados sus balances por la morosidad y el dudoso cobro, y necesitan inyectar capital sano en sus cuentas, con lo que consumen liquidez. Están asustados, y no prestan; no prestan, las empresas cierran por falta de liquidez; los despedidos entran en su propia bancarrota micro y, dejan de pagar sus deudas o las aplazan. El efecto se realimenta. Una pescadilla muerde la cola a otra, que a su vez muerde a otra… Los bancos con mayor liquidez son reacios a prestar a los bancos de países señalados como arriesgados por sus problemas de déficit o de deuda. El problema, finalmente, es global. La globalización está produciendo tumultos locales que no pueden ser solucionados localmente, y los produce uno detrás de otro. El trasvase de rentas de los países ricos venidos a menos se desplaza a los que necesitan más madera (y liquidez). Hasta que el sistema global se estabilice como el agua en los vasos comunicantes cuando se abren las compuertas, las economías nacionales tendrán poca capacidad de maniobra. En nuestra versión de Mad Max, la gasolina es el crédito.

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