La ciudad y los días

carlos / colón

El tren de la bruja

LES decía ayer que el voto andaluz es el más conservador de España (en el estricto sentido establecido por la RAE: "Dicho de una persona, de un partido, de un gobierno, etcétera, especialmente favorables a la continuidad en las formas de vida colectiva y adversas a los cambios…") y el mismo día lo confirmaba la encuesta granadina: ganaría el PSOE (35,2%) seguido por el PP (29,1%). A distancia estarían Podemos (14,9%), irrumpiendo como tercera fuerza, las ruinas de IU (8,4%) y Ciudadanos (4,6). Parece evidente que, según esta estimación, los andaluces son tan favorables a la continuidad como adversos a los cambios.

Que esto sea compatible con que en las últimas municipales el PP ganara en todas las capitales refuerza la hipótesis de este conservadurismo andaluz: la victoria municipal popular manifiesta su conservadurismo político urbano y las ininterrumpidas victorias autonómicas manifiestan su conservadurismo práctico. Estamos bien como estamos, aunque estemos fatal. Que no cambie nada, pese a que los escándalos nos sobresalten cada día como si fueran escobazos del tren de la bruja de la antigua calle del infierno. Escobazo/escándalo va y escobazo/escándalo viene, pero el tren no se para y los andaluces se lo pasan bomba en él, unas veces sobresaltándose y otras riéndose.

El voto socialista andaluz, además de por su resistencia al cambio, es también conservador porque 33 años de gobierno han demostrado que el socialismo andaluz tiene tan poco de progresista como de bruja tenía el tipo del tren. Los más viejos recordarán al hombre que atizaba los escobazos, mal disfrazado con una falda que dejaba ver los pantalones y un pañuelo en la cabeza. Pues el parecido entre el socialismo histórico -el de mis admirados Fernando de los Ríos o Julián Besteiro (a quien Preston insulta canallescamente en su último libro)- o la socialdemocracia moderna y el socialismo andaluz es el mismo que hay entre una bruja de verdad y la del tren. El PP sería como los chavales que intentaban quitarle la escoba, provocando que la falsa bruja largara una catarata de insultos de sorprendente variedad. Casi nunca lo lograban y si alguno lo hacía, el tipo se subía al tren, le daba una mascá y la recuperaba; como hizo el PSOE pactando con IU cuando el PP ganó las últimas autonómicas. Parece que lo que nos queda, según la encuesta, es seguir dando vueltas en el tren de la bruja.

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