Tribuna Económica

gumersindo / Ruiz

J uego de tronos

MI amigo Juan Manuel Jiménez Sánchez, analista de mercados, me manda una cita de la novela de George R. R. Martin, de 1996, Juego de tronos, donde Lord Varys (Spider), le dice a Eddard Stark (Ned): "Por qué son siempre los inocentes los que más sufren, cuando vosotros señores sólo jugáis a vuestro juego de tronos".

Considerar el paro inevitable y pedir paciencia a los que sufren resulta irritante, por dos motivos: uno, porque de hecho se está culpando a quiénes no han sido actores del auge y caída de la economía, sin que en el primer caso hayan visto lo mejor de sus frutos, pero sí padecen luego las consecuencias de las burbujas; y otro, porque no hace falta ser un fino analista para notar que la principal preocupación no es dar respuestas inmediatas al paro, sino la pequeña política del poder en el juego parlamentario, las escaramuzas en las reuniones de la Unión Europea sobre el déficit público, o cómo salvar la situación financiera con la magia de los todopoderosos bancos centrales.

Estaba claro (para mí, en enero de 2009), que para España y Andalucía ésta era una recesión duradera, con un origen financiero, consecuencias inmediatas en el sector de la construcción, fuerte destrucción de empleo y daños colaterales sobre el propio sector financiero, el resto de la economía y las cuentas públicas. Esto habría requerido y requiere una intervención pública extraordinaria, coordinada entre comunidades autónomas, con el Estado, todas las economías de la Zona Euro y el Banco Central Europeo, sobre la economía real productiva, taponando la hemorragia que es la destrucción de empleo.

En Estados Unidos, mientras los dos partidos juegan su peculiar lucha sobre cuestiones que podemos calificar como ideológicas, más o menos impuestos, más o menos gasto público, más o menos Estado, una comisión de ambos partidos en el Congreso, sobre la vivienda, propone unánimemente mantener al menos por diez años el papel del estado como garante y financiador de la vivienda. En el país del libre mercado, se están dedicando 40.000 millones de dólares, cada mes, por parte de su banco central, a las hipotecas; actualmente el 90% de todas las nuevas hipotecas de viviendas están financiadas por el Gobierno. Esta cifra ha oscilado en el pasado entre el 25% y el 50%. La intervención pública que se está dando en Estados Unidos -compartida por los dos partidos- no tiene precedentes en su historia, ni en la historia reciente de ningún país europeo, ya sea con gobiernos conservadores o socialistas. El paro en Estados Unidos ha bajado del 10% al 7,5% y su economía crece por encima del 2%, y en la Unión Europea ha subido del 7,5% al 12%, y el crecimiento es negativo.

Este jueves el Banco Central Europeo bajará un 0,25% los tipos de interés, y en el verano tomará medidas de urgencia sobre el crédito; pero su efectividad no está en mantener artificialmente bajo el tipo de interés de la deuda pública y privada, o apoyar la Bolsa, sino en si es capaz o no de reducir el paro. Mientras tanto, en lo que se refiere a otras medidas de política económica, los ciudadanos son cada vez más extraños y ajenos a lo que con razón ven como meros juegos de poder.

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