La ventana

Luis Carlos Peris

Uno se va cuando tiene adonde ir

ALGUNOS le afean que sea ahora cuando abandona la política, precisamente ahora que está cayendo la que está cayendo, pero cada uno se va de los sitios cuando quiere... siempre y cuando que tenga donde ir. Es el caso de Soledad Becerril, que dice adiós tras llevar marcado el honor de haber sido la primera ministra desde que la anarquista Federica Montseny tuviese cartera en la República. Dice adiós con la elegancia que trae de cuna y con esa energía recubierta de seda que siempre observó en el ejercicio del poder. Con Soledad Becerril, Sevilla no tenía setas ni nada de qué avergonzarse y convendría grabar el año de 1999 como el más nefasto de la contemporaneidad para la ciudad. Recibió el voto mayoritario de los sevillanos, pero Rojas Marcos no quiso soltar el ladrillo y propició la llegada de lo que llegó. Soledad se va porque le da la gana y porque tiene donde ir, aunque sea a casa.

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