Crónica personal

Pilar Cernuda

Se veía venir

SE veía venir. Armadores y marinos llevaban semanas, meses, advirtiendo que no se daban las suficientes garantías de seguridad en el Índico, que en cualquier momento podían sufrir nuevos asaltos piratas.

Se veía venir. Anda por esas aguas la fragata Canarias y también una flota integrada por buques y personal de distintos países de la Unión Europea que vigilan permanentemente la zona. Pero se veía venir, porque saben los piratas que cuando secuestran un pesquero español, se paga el rescate y una vez a salvo la tripulación se permite a los piratas que se marchen por donde habían venido. Francia hizo lo contrario: una vez a salvo la tripulación del pesquero apresado, Sarkozy y su ministro de Defensa no dudaron en dar instrucciones para bombardear la nave pirata y mandar a los delincuentes al fondo del mar. Desde entonces, contaba hace unos días un armador vasco a esta periodista, los españoles están vendidos. En cuanto un atunero español se pone a tiro los piratas van por él.

Pidieron más seguridad tiempo atrás, incluso se presentó una propuesta en el Congreso de los Diputados para que los buques que están obligados a faenar en esa zona -porque no cuentan con autorización o posibilidades de hacerlo en otra- contaran con infantes de marina a bordo, armados, para repeler por la fuerza cualquier ataque pirata. Votaron a favor PP, PNV, CiU y Nabai, pero no fue suficiente. La ministra Chacón, como contraoferta, dijo que pediría en las reuniones europeas que se incrementara la presencia en la zona.

Solicitaron los armadores españoles que si no había infantes de marina les permitieran contratar personal de seguridad con armas. Y la respuesta fue negativa, el Gobierno no quiere problemas diplomáticos en esa complicada zona. Resultado: el atunero Alacrán no respondió a las señales de control que se hacen a diario desde la flota de la Unión Europea, se envió a dos helicópteros a donde estaba localizado para comprobar si existía algún problema, y los pilotos luxemburgueses regresaron a su base con la información de que en la cubierta del barco había hombres armados. Piratas.

No se puede ir con el buenismo a todas partes. Y menos a una zona marítima en la que se han hecho fuertes centenares de somalíes y etíopes que han encontrado en la piratería una forma de vida, hallan refugio en costas inexpugnables y en zonas boscosas de difícil localización desde los satélites, y cuentan con armamento más sofisticado del que pueda parecer accesible a unos hombres con estética y hábitos copiados de películas antiguas.

La Unión Europea se ha tomado el asunto muy en serio, sobre todo Francia, que ha apostado por las respuestas contundentes. Nosotros, en cambio, andamos con los rodeos y las negociaciones. Acomplejados.

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