La ciudad y los días

Carlos Colón

Mi vela en calle Francos

SERÁ porque no es histórica y comercialmente relevante desde que llevaba del Alcázar de los reyes moros a la mezquita mayor de Abderramán II; o desde que se establecieron allí los comerciantes franceses junto a los alemanes y los italianos de Piacenza -piacentini- que, como ellos, dieron a esas calles los nombres que aún llevan. Será porque, de Virgen de Los Reyes al Salvador, une dos trozos de la ciudad sin interés artístico y turístico. Será porque no es uno de los más hermosos e íntimos calendarios de las estaciones de la ciudad: otoños de luces de escaparates reflejándose en los suelos mojados de los primeros anocheceres tempranos y lluviosos; inviernos de lanas de Pareja, guantes de Pino, pieles de Reyes y abriguitos de Jardilín; primaveras de noches de fuego de candelerías y mañanas de plata y romero; veranos de tardes hondas y quietas. Será porque no es allí donde la Semana Santa toma su lumbre de las candelerías del Subterráneo, la Hiniesta, Gracia y Esperanza, la Amargura y los seis candelabros que arden ante el templo del cuerpo del Cristo del Amor; donde culminaba cuando la recorrían, una tras otra, el Silencio, el Gran Poder y la Esperanza; o donde nos dice su primer adiós cuando vemos perderse por su estrechez los candelabros dorados del palio de Loreto y oímos como tañe la campanilla del muñidor que antecede a la Cruz de las enagüillas. Será porque no es allí donde los comercios son historia cotidiana de Sevilla; donde Casa Rodríguez cumplirá un siglo dentro de cuatro años; donde se tensan y trenzan en plena calle los hilos de los cordones de Alba y donde abren sus puertas Velasco, Iruzubieta, Modelo o Macarro. Será porque no es allí donde está ese monumento comercial, puro Aníbal González de mármoles y bronces, de espléndido pasado e incierto futuro que fue Peyré, mundo de patios y columnas hacia el que un día confluyó toda Sevilla y toda su provincia para comprar las telas que los dependientes desplegaban y cortaban con maestría sobre antiguos mostradores de buenas maderas.

Será porque Francos es una calle como cualquier otra, sin Historia y sin historias, por lo que el Ayuntamiento la ha dejado sin luces esta Navidad. Total, ¿qué importancia tiene? ¿Por qué iban a esperar algo del Ayuntamiento al que pagan sus impuestos los comerciantes históricos que tan duramente luchan por sobrevivir frente a gigantes y franquicias o los que ahora han apostado por ella? Anteayer, cuando el alcalde preso de Torrijos encendía las luces de Navidad, en Francos los comerciantes encendían velas de protesta. Hoy, con ellos, enciendo aquí la mía.

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