La ventana

Luis Carlos Peris

El verano y su cuota de víctimas jóvenes

RARO es el verano que se va sin pegarnos una cornada en el alma. Raro es que se vaya de rositas esta época del año con tantas vivencias al aire libre, de tanto deporte de riesgo y de tantas idas y venidas. Raro era que no se fuera de este mundo alguien conocido y dolorosamente joven, muy joven, para dejar a sus padres sumidos en un callejón anímico de complicada salida. Dieciséis pletóricos años de vida que se van en un momento porque el corazón se rompe en uno de esos esfuerzos que demanda el verano. En la Sevilla de nuestra infancia, el índice mayor de dramas estivales lo proporcionaba el río y el número de jóvenes ahogados era considerable. Pedro, el hijo de mis amigos Pedro y Mariví, ha muerto haciendo senderismo, una actividad deportiva muy en boga. Me pongo en la piel de esos padres y me invade una sensación de ahogo que ni me permite comprender el porqué de estas macabras bromas del verano.

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