El poliedro

José Ignacio Rufino / Economia&empleo@grupojoly.com

Las verdades del banquero

El Banco de España fue testigo pasivo, desde el año 2006, de la antesala del desastre económico en curso

YO soy así, y así seguiré, nunca cambiaré, decía Alaska. Como el escorpión que se ahoga con la rana que lo ayudaba porque su aguijón no puede resistir la fuerza del instinto. Como aquel financiero galáctico que, en la película Inside Job, nos dice más o menos "Nosotros somos como somos, no podemos remediarlo: la culpa del desastre la tienen los políticos, ¡habernos controlado, hombre!". Como el banquero que va por delante, el hombre que susurraba a los presidentes, nuestro Emilio Botín, que no ha tenido empacho alguno en recordarnos que el financiero de raza es una variedad humana que va a lo que va y, como una leona en el Masai Mara que caza pequeñas impalas porque lo lleva en su código genético, no es responsable de sus actos, ni de los entuertos globales y nacionales que los actos de la banca hayan podido perpetrar solos o en compañía de otros (políticos negligentes, consumidores presa del encantamiento). No. La culpa es de los políticos, que no han sabido controlar, Así lo ha dicho, con el morbo añadido del "y no quiero señalar…". La ecuación es clara y viciada: los políticos sois dependientes de nosotros, la banca, tanto por la financiación de los partidos y sus campañas, como por la facultad de recurrir a la banca salvadora cuando tenéis un problema de liquidez estranguladora (véase Valencia recientemente); pero vosotros políticos debéis evitar el desastre de mi eventual caída soltando recursos públicos a toneladas (que podían ser destinados a otras cosas, y no a apuntalar los balances bancarios). Eso sí, si yo estoy enfermo es por tu culpa. La culpa es de los políticos. Como un hijo egoísta y tiránico que culpa a sus padres, como un estudiante manta que siempre tiene un profesor incompetente y que lo odia. Y sin embargo, como no podía ser de otra manera, no le falta razón al banquero de España. No se ve la pelusa en el ombligo que tanto se mira, pero razón, tiene.

¿Es el gobernador del Banco de España un político? Estatutariamente, no; el banco central es independiente y autónomo. Pero puede ser aupado o removido del cargo por los políticos en el poder. Luego es, a la postre, un cargo político. Aunque a Fernández Ordóñez le fue la marcha de ser pepitogrillo de su patrón, Zapatero, y sigue en el cargo hasta nueva orden, Caruana (el de Rato, ¿recuerdan? El que dejó Rato en el FMI, adonde sigue) sí actuó como un político cuando tuvo que ejercer como banquero entre los banqueros. En 2006, los inspectores del Banco de España -probos funcionarios- mandaron una carta al ministro de Economía, Pedro Solbes, para hacerle saber que el gobernador a punto de ser cesado, Caruana, había hecho oídos sordos a sus advertencias sobre la burbuja crediticia enorme que se había creado hasta entonces, año 2006: "Los inspectores del Banco de España no compartimos la complaciente actitud del gobernador del Banco de España ante la creciente acumulación de riesgos en el sistema bancario español derivados de la anómala evolución del mercado inmobiliario nacional durante sus seis años de mandato". Tampoco MAFO, nombrado por Zapatero, hizo gran cosa al saber esto… esto que, ¿les cabe duda?, sabía de más, como también lo sabía Caruana. A no ser que fueran unos completos inútiles, cosa que queda por completo descartada. Inútiles no es la palabra.

Atrás quedan hasta nueva orden las grandes palabras de la responsabilidad social corporativa, que tantos libros y más finos encuentros concitó durante los buenos tiempos. Ponga una memoria de sostenibilidad en su vida, una política de RSC en su empresa, incluso certifíquese con la norma ISO oportuna para presumir de que uno es proactivamente bueno con sus trabajadores, con el medio ambiente y con la Sociedad, así, en mayúsculas. Como decía un antiguo profesor y actual compañero: "Pesetas, y todo lo demás, galletas".

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