PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

Quién le ha visto de sindicalista y quién le ve ahora con despidos improcedentes

NUESTRO primer teniente de alcalde, Antonio Rodrigo Torrijos, forjó su carrera política como dirigente sindical en Comisiones Obreras. Qué no hubiera dicho de un mandatario municipal que ordenara el despido de ocho trabajadores. Cómo les hubiera animado a que defendieran sus derechos en los tribunales para ser readmitidos. Y cuánto habría jaleado las sentencias de los magistrados instando a la vuelta a su puesto de trabajo, al pago de las nóminas de los meses que ha durado su puesta en la calle, y con el importante matiz político que refleja el fallo judicial: injustamente despedidos del Ayuntamiento "por discriminación política". El problema estriba en que el primer teniente de alcalde que ha provocado dichos despidos en la empresa municipal Sevilla Global, y se ha demostrado que por coacción partidista, se llama Antonio Rodrigo Torrijos. Su respuesta a tan clamoroso revés está en las antípodas de lo que predica cuando las culpas son de otro. "Son fallos en primera instancia y susceptibles de recurso". Y se queda tan pancho.

Como patrón y responsable de Recursos Humanos, Torrijos no tiene precio. En Sevilla Global perpetró una purga intolerable, propia de la okupación que se hace de las empresas municipales metiendo a los compañeros del partido, para que coman de un sueldo público y para que destinen la mitad de la nómina a las arcas de Izquierda Unida. La imprevista dimisión como delegado de Economía, Jon Ander Sánchez, dio pie a una lucha de odios personales en las que se presionaba a los empleados en función de a quién obedecían dentro de IU. Ponzoña y prostitución de la función pública.

Hace un año, antes de la zapatiesta, coincidí en un acto con dos jóvenes profesionales de Sevilla Global que nada tienen que ver con este proceso. Licenciados con preparación y con ganas de trabajar en pro del interés general, por la economía y el empleo. La gente que nos hace falta para tirar del carro en esta tierra indolente y caciquil. Pero estaban desmoralizados porque han de ejercer su cometido con responsabilidad a pesar del cúmulo de irresponsabilidades que soportan bajo los mandarines políticos que ocupan estas entidades como redomados ineptos. Les animé a seguir perseverando y a no encanallarse por reflejo. Ni les tiré de la lengua. No quería poner en riesgo sus empleos estando en manos del patrón Torrijos.

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