Por montera

mariló / montero

Mientras viva

LES presento a Violet y a Floyd, dos personas de edad avanzada que yacen en sendos lechos en su rancho de Easton, en el condado de Fresno, California; él, 90 años; ella, 89. Respiran muy despacio y de manera asistida. Ante ellos, la familia, la gente que los ama. Les han acercado las camas y ponen sus manos juntas, en contacto. Todos se emocionan al comprobar que las respiraciones de la pareja se tranquilizan y se acompasan.

Pero dejémoslos ahí, en esas camas postreras, porque yo bien podría haber empezado a contarles la historia de Violet y de Floyd Hartwing en un punto anterior, hace muchos años. Por ejemplo, cuando se conocieron en la escuela primaria y se hicieron amigos, o novios. Los separó la Segunda Guerra Mundial, cuando él se marchó a la Marina y ella se negó a ceder a la distancia, tomó papel y tinta y se entregó a la correspondencia con el soldado. Y éste respondió: en menos de dos años se cruzaron ciento treinta y una cartas. En un permiso de él en agosto de 1947, se casaron, y vivieron con dolor los últimos meses de ese servicio militar. Ahí fue cuando Violeta escribió en una de esas pasionales misivas a su ya marido: "Necesito tus brazos alrededor mío, querido. Espero tenerlos pronto. Te quiero, te amo y siempre te amaré mientras viva ". En 1948 se reencontraron. Para siempre.

Violet y Floyd han permanecido juntos en un matrimonio que les ha durado 67 años. De algún modo, han vencido al tiempo. A ella le diagnosticaron una demencia que últimamente ya se demostró imparable. Y a él le anunciaron que padecía cáncer de vejiga y colon e insuficiencia renal. Hace apenas un mes, ambos se sentaron en la mesa de su cocina y compartieron una última cena juntos.

Pero volvamos a la cama donde se han tomado de la mano y han acompasado sus respiraciones. Inconscientes, se saben cercanos. Y se van casi a la par. Primero, Floyd, que parte para abrir camino entre las cortinas selváticas de la muerte. Después, Violet, que parece ir más allá de la promesa que hizo por carta y está dispuesta a prolongar el amor mientras viva y aún más allá.

No sabía cómo comenzar a contarles la historia de Violet y de Floyd, pero desde el primer momento he sabido cómo acabarla: con los dos juntos. El 12 de febrero se marcharon. Polvo son, mas polvo enamorado.

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