El sector privado controla el aire

  • El consorcio FerroNats gestiona el tráfico del aeropuerto desde septiembre de 2013. En ella trabajan 13 controladores aéreos, frente a los 18 que había antes de la adjudicación.

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Quince metros separan la seguridad del caos. En la cima de la torre de control del aeropuerto de Sevilla, en el llamado fanal, la concentración impera en los dos controladores aéreos que vigilan lo que ocurre en la pista de más de 3.300 metros que tienen enfrente. Ni ajetreo ni ruido. Y ningún atisbo de aquella tormenta que estalló en julio de 2010 y que dejó la insólita imagen de un mapa de España con un tráfico aéreo en silencio. 

Desde el pasado mes de septiembre, la empresa FerroNats -un consorcio privado creado por la constructora Ferrovial y el proveedor británico de servicios aéreos Nats- gestiona la torre de control del aeropuerto de San Pablo. En total, la entidad gestiona 9 de los 13 aeródromos privatizados por Aena. Para llevar a cabo este servicio en Sevilla, la empresa cuenta con 13 controladores, frente a los 18 que había antes de su adjudicación por concurso público: "Un cambio que los usuarios no notaron" y que ha permitido "ganar en eficacia", señala Gonzalo Cañete, director general de FerroNats. 

Esta torre gestiona entre 150 y 180 movimientos de entradas y salidas de aviones al día y, actualmente, es el único feudo que dirige FerroNats en la ciudad hispalense. Aena sigue gestionando el servicio de aproximación y de control en ruta de los aviones, trabajo que se realiza en un edificio anexo. 

El director general de la empresa adjudicataria hace hincapié en la "intensa" formación que reciben los trabajadores. A la licencia que deben aprobar de la mano de escuelas oficiales, se une un periodo de formación en la torre de destino, además de un exhaustivo examen de idiomas y médico. Cañete reconoce que en el proceso de selección del personal prima la juventud "por su capacidad de adquirir nuevas habilidades". En Sevilla, la edad media de los controladores es de 30 años y, la mayoría, son ingenieros. 

Aurora Cubo entró en la torre de control hispalense el pasado septiembre. Titulada en Gestión Aeronáutica, esta joven manchega reconoce que la responsabilidad pesa en ciertos momentos: "A veces tienes que tomar decisiones al segundo. Y, aunque estés segura de la decisión tomada, después resoplas aliviada. Asumes riesgos y los demás jamás deben notar que dudas o estás nerviosa". 

Este martes, Aurora Cubo, abrió la torre a las seis menos cuarto de la mañana, ya que, oficialmente, el aeropuerto presta servicio de seis y media de la mañana a una y media de la madrugada. Aunque, cualquier compañía puede pedir permiso para operar de una a tres de la mañana. No obstante, según señala Abel López, el jefe de la torre de control, siempre hay un controlador aéreo de guardia que debe estar disponible toda la noche para prestar servicio, en caso de urgencia, a la red de Coordinación de Trasplantes de Órganos. 

López destaca también que por la dimensión de la pista y "el bajo tráfico convencional", aquí se realizan prácticas de vuelo por parte de Airbus Military y los cuerpos de seguridad del Estado, entre otros colectivos, con instalaciones en los alrededores del aeropuerto. 

En la torre de control, todo está informatizado, incluso las llamadas al exterior. Por eso sorprende ver las coloridas fichas de progresión de vuelo, que permiten seguir los pasos de los aviones desde que entran en pista hasta que despegan y pasan a ser responsabilidad del llamado servicio de aproximación de Aena. Anotaciones a boli que chocan con la amplia gama de equipos tecnológicos de la sala. Así como los dos tradicionales focos que se usan en caso de urgencia para comunicarse con los pilotos. Aparatos que Abel López reconoce sólo haber usado en dos ocasiones en sus 14 años de experiencia. Aquí, nada se deja al azar.

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