Gestión, planificación o la mezcla diábolica

  • Identificar las causas y repartir las culpas de la crisis que atraviesa el proyecto es una cuestión abstracta

Eduardo Berizzo, ayer junto a uno de sus ayudantes del cuerpo técnico. Eduardo Berizzo, ayer junto a uno de sus ayudantes del cuerpo técnico.

Eduardo Berizzo, ayer junto a uno de sus ayudantes del cuerpo técnico. / fotos: Juan carlos vázquez

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Descifrar y describir lo que le pasa al Sevilla en seis o siete párrafos puede ser aventurado, subjetivo y muchas cosas más. Identificar y señalar a un culpable sería atravesar la línea de lo que cada cual considere justo o injusto. Para unos será más responsabilidad del entrenador, para otros será más culpa de los gestores, para otros tantos será una culpabilidad repartida y para algunos -que también los habrá- será una simple cuestión azarosa y puntual. Son los que siempre viven felices, los que creen que todo el mundo es guay y que cada mañana hay que disfrutar del sol que sale por el horizonte y los pajaritos que cantan alegres.

Pero la realidad es que el Sevilla se ha metido de lleno en una crisis puede decirse que más preocupante que las anteriores, las que se han dado en citar en su vertiente más optimista con el recuerdo del alambre por el que pasearon Juande Ramos y Unai Emery, a la postre entrenadores triunfadores.

Y es más grave, mucho más grave, porque el peso económico que soporta la masa salarial de la plantilla no tiene precedentes en la historia de la entidad. El mismo José Castro se ha encargado de repetirlo cuando ha podido desde el pasado verano, una inversión histórica que convierte ahora mismo en una situación límite estar en la clasificación en la octava plaza, si bien está a tres puntos del objetivo, el tercer puesto.

El crédito de Berizzo se desgasta o se eleva jornada a jornada; el de Arias, a más largo plazo

Con todas las tintas cargadas en Berizzo, pese a la imagen del equipo que ha lesionado gravemente su crédito esta semana puede decirse que no ha habido aún circunstancias reiteradas en el tiempo que justifiquen la destitución. Sí que ha visto alarmante dañada su figura ante la afición, ante el vestuario y ante el propio club, obligando a sus gestores a tener que lidiar con sus decisiones, sus mensajes de cara a la opinión pública... en un asunto que no estaba previsto ahora, ni mucho menos.

Berizzo, está claro, ya está señalado y sus decisiones se van a mirar con lupa de aquí al próximo parón, así como, por supuesto, los resultados. En la calle ya están los rumores inevitables en este tipo de situaciones, jugadores que no están con el técnico, sensación de que la dimensión del club le ha superado... todo son, si no se demuestra lo contrario, fruto de la rumorología y en muchos casos originados en la mente de personajes que viven de la polémica y se mueven como pez en el agua en situaciones revueltas, además con el eco imparable de las redes sociales. Pero, ojo, estas cosas no siempre, pero a veces, acaban confirmándose. Su política de rotaciones ha sido el foco de las mayores críticas recibidas, pero lo cierto es que el error más grave de Berizzo está en su incapacidad hasta el momento para hacer ver que su modelo de juego puede ser válido para un equipo de las aspiraciones del Sevilla y con una plantilla top en salario y caché.

La otra parte está en la planificación, de la que no necesariamente tendría que escapar el entrenador puesto que forma, en teoría, parte de ella y ha sido figura clave en las decisiones tomadas, como, según ha aireado el club, la renovación de Carriço. Y en este punto todo puede tomarse como una cuestión abstracta, ya que no tiene por qué tener una relación directa con los resultados jornada a jornada y sí con una evaluación global al final de la temporada. Se corre el riesgo de caer en el error con sentencias que pueden no ser tangibles.

Pero con todo y con eso, sí salta a la vista un cambio en el modelo con el relevo en el mando de la dirección deportiva. La media de edad de los refuerzos ha subido, así como se ha reducido el margen de la amortización. Si antes jugadores de la Premier eran habas contadas y en calidad de cedidos -Nasri-, los sueldos de Jesús Navas, Nolito y Banega elevaron el gasto. Los dos primeros, además con una edad que no da margen alguno al retorno (uno cumple 32 el mes que viene y el otro acaba de llegar a 31), tapando encima el paso a dos futbolistas potencialmente llamados a elevar su cotización en el mercado, Sarabia y Correa.

Por poner un ejemplo de esto, el sábado pasado en Mestalla se enfrentó un equipo con una media de edad de 28,1 años (el Sevilla), contra otro de 25,2 (el Valencia). La salida después de Krohn-Dehli(34) la elevó más. Y éste es otro asunto, si el Sevilla descartó a Jordan Amavi en el examen médico por una lesión antigua de rodilla, tampoco hay que olvidar que dejó en el equipo y en puestos importantes a jugadores con un amplio historial de lesiones a sus 33 años (Pareja), al margen de demarcaciones no demasiado bien cubiertas (en el lateral derecho está jugando un central y en el izquierdo Carole aún no he demostrado nivel para competir con Escudero).

Para terminar, al hilo de la falta de carácter que el equipo ha exhibido en algunas derrotas puede decirse que del vestuario paulatinamente se han ido marchando jugadores con capacidad de liderazgo. La pasada campaña en algunos partidos se cuenta que futbolistas como Iborra (en el derbi de Heliópolis) y Vitolo (ante el Lyon en casa) cogieron el toro por los cuernos y dijeron algunas cosas claras a los compañeros en la intimidad del vestuario. Pensar que Jesús Navas pueda ser un líder así es no conocerlo mucho.

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