125 aniversario

Lanvin

Jeanne Lanvin y su hija Marguerite en una imagen cedida por la firma. Jeanne Lanvin y su hija Marguerite en una imagen cedida por la firma.

Jeanne Lanvin y su hija Marguerite en una imagen cedida por la firma.

La publicación semanal de vídeos y fotografías en las redes sociales con la trayectoria de la casa prepara a los interesados para el que será el gran colofón de las celebraciones, una exposición en 2015 en el Museo Galliera, el museo de la moda de la capital gala.

"Tenemos la suerte de contar con un patrimonio antiguo y vivo, complejo, rico, lo que nos da legitimidad y hace que nos planteemos el futuro con la misma serenidad, retrazando la historia, mezclando pasado y futuro. Vamos hacia adelante para afrontar esa exposición con seguridad y orgullo", explica la responsable de ese patrimonio, Laure Harivel.

Y en ese recuerdo del camino trazado, se devuelve el protagonismo a la artífice de ese éxito, Jeanne Lanvin (1867-1946), que abrió el primer taller en París en 1889, y creó un imperio desde la nada sustentado en la moda, la decoración y los perfumes.

Que su personalidad se haya visto eclipsada por figuras con mucha más fuerza, como Coco Chanel, según Harivel, no implica que la diseñadora no haya dejado su huella con un estilo propio.

"Chanel se presentaba en todas las veladas de la alta sociedad. Jeanne, al contrario, era alguien discreta, que se entregó completamente a la moda y a su hija, aunque sí estuvo bien rodeada de grandes personalidades, muy influenciada por el mundo del arte, de la literatura", señala Harivel.

Su hija, Marguerite, la niña que todavía hoy aparece dibujada en el logo de la empresa junto a la madre, nació en 1897, y Lanvin "deslumbró al mundo", según llegó a decir la escritora Louise de Vilmorin, con la voluntad de deslumbrarla a ella.

Los vestidos que creaba para la pequeña interesaron a las clientas de sus sombreros, artículos con los que entró en ese mundo, y tras la apertura de un departamento de ropa infantil saltó a la moda femenina y posteriormente a la masculina, siendo entonces la única casa que cubría ambos universos.

Lanvin, que se adhirió al sindicato de costura en 1909, se congratula de ser la firma gala más antigua en activo, y la apuesta por los bordados y la pedrería, el juego de contrastes, materiales, volúmenes y transparencias sigue marcando el estilo de la casa, encabezada por Alber Elbaz desde hace más de una década en tanto que director artístico.

"Jeanne estuvo muy influenciada por el Art Déco, con muchos modelos longilíneos, perlas, bordados... todo muy gráfico. Y, al mismo tiempo, con bustos ajustados y volumen en las caderas, que supo adaptar a todas las circunstancias", señala la responsable de Patrimonio.

La elegancia dada por esa dualidad y la apuesta por prendas "que han atravesado el tiempo", de un vanguardismo que hace a Lanvin decir que "rompió los códigos de la época", se mantienen grabadas en su filosofía actual.

El despacho desde el que empezó todo, esa habitación en la que la diseñadora probaba sus ideas y guardaba sus libros de arte, sus cuadernos de viaje y tejidos que adquiría en su descubrimiento del mundo, sigue hoy intacto, como punto al que se vuelve cuando se quiere recuperar la esencia.

Elbaz acudió a él "al principio", cuando desembarcó en Lanvin en 2001, señala Harivel. "Hoy envía sobre todo a su equipo para investigar, pero a menudo sacamos los archivos. Buscamos mantener el espíritu de lo que se hizo con colecciones actuales dentro de la tendencia".

Y en este siglo y cuarto de vida, ese espíritu, según la experta, "está bien anclado en la Historia de la moda. Después de 125 años, si ha habido periodos de somnolencia, seguimos en activo. Este aniversario es la ocasión quizá de despertar a esa bella durmiente".

EFE

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