Más de Colliure que de Suresnes
Una pareja política Ruptura después de 39 años de matrimonio
Carmen Romero fue una discreta y prudente consorte de Felipe González, pero a los veinte años de su boda decidió volver a la política y se convirtió en diputada socialista por Cádiz, ciudad a la que mantiene su apego
Como su especialidad era la de profesora de Francés, se sentía más de Colliure que de Suresnes. Por ese lado machadiano, quizás María del Carmen Julia Romero López, su nombre completo, era más guerrista que felipista. En la famosa foto que Manuel del Valle hizo con la cámara de Pablo Juliá en los pinares de La Puebla del Río, pasada a la posteridad como la "foto de la tortilla" (omelette, diría ella), Carmen Romero está de pie a la derecha de Alfonso Guerra. Son catorce personajes no en busca de autor, sino en busca de una casa ideal para las vacaciones veraniegas, tal como Alfonso Guerra explica las excursiones que aquel grupo hacía los fines de semana por pueblos próximos a la capital.
Carmen, de pie, y Felipe, repantingado en un sofá que parece proceder del desguace de un automóvil, son los únicos que en la escena se dedican, sin mirarse, a pelar sendas naranjas. No pelan la pava, pelan la naranja. Comunicación no verbal, al decir de Flora Davis. Para ella Orange es naranja en las clases de Francés que daría en el instituto Fernando de Herrera. Para Felipe, Orange es un emblema de la telefonía móvil, uno de los iconos de la sociedad de la información de la que se convirtió en activo propagandista. En la escena, todos parece que ríen una ocurrencia de Carmen Hermosín. Yáñez y Chaves están tirados sobre una jarapa y lo que más se ve, amén de los árboles, son botellines de Cruzcampo.
Carmen Romero viene al mundo que quiso cambiar un 15 de noviembre de 1946. Un día antes le dan a Herman Hesse el Nobel de Literatura y muere en Alta Gracia, Argentina, Manuel de Falla. Se casó con Felipe González el 16 de julio de 1969, festividad de la virgen del Carmen. Esa foto de los pinares, estampa impresionista sin Manet ni Monet, evoca el pasado sentimental del marido de Carmen. Llora la margarita por ser romero, cantan las sevillanas, y empeñado estaba Felipe González en unir su estirpe a la de una Romero. Es el apellido de las dos novias que se le conocieron, Concha y Carmen Romero, las dos alumnas de Agustín García Calvo en las clases de Latín y Griego en la antigua Fábrica de Tabacos, las dos pertenecientes al "coro de admiradoras que le escuchaban arrobadas", como dice Guerra de su también escindida pareja política, de aquel Felipe que "despedía olor a establo" de la vaquería.
Cuando Concha Romero rompió con Felipe y se fue a estudiar Clásicas a Salamanca, la sustituyó Amparo Rubiales en el elenco de Esperpento que interpretaba un Estudio Dramático con dramaturgia de Guerra sobre textos de León Felipe, Antonio Machado y Miguel Hernández. Amparo habla de Carmen Romero como una de sus mejores amigas en su libro de memorias Mujer de mujeres. "Carmen supo ser una buena consorte, hasta que no pudo más y decidió ser ella misma, volver a la política de la que había partido, antes incluso de conocer a Felipe". Carmen, la hija del coronel médico Vicente Romero, será diputada por la provincia de Cádiz entre 1989 y 2004. Quince años abanderada de la Caleta, con marrones locales como la crisis de los Astilleros y nacionales como el crepúsculo del felipismo salpicado por los GAL y los casos de corrupción.
Estrenó el escaño el año que cayó el muro de Berlín y después se convertiría en una competidora política y mediática de Teófila Martínez, que llega a la alcaldía de Cádiz en 1995. Se afianzó en esta circunscripción a la que estaba unida por azarosas circunstancias familiares. Cuando Felipe González estaba en el despacho de abogados laboralistas de Capitán Vigueras, le ganó un pleito a Ruiz Mateos sobre unas dehesas comunales de Castellar de la Frontera. En agradecimiento, el Ayuntamiento le regaló una modesta vivienda que germinó en arraigo de patria chica. Carmen Romero tenía el escaño en Cádiz y terminó teniendo casa. No una casa cualquiera, tampoco un palacio o casona como argumentaba la maledicencia chirigotera. Una vivienda de segunda mano con mucha historia, eso sí: una placa recuerda todavía que allí vivió y murió Fermín Salvochea, ideólogo del socialismo utópico y de los aires libertarios que atraviesan esa demarcación desde Hércules hasta Mágico González. En la adquisición de esta casa medió Jaime Pérez Llorca, ilustre médico gaditano ya fallecido, hermano de José Pedro Pérez Llorca, uno de los siete ponentes de la Constitución de la que ahora se cumplen treinta años, el primer año constitucional de Carmen Romero sin Felipe González.
El día capicúa del 28 de octubre de 1982, el triunfo con mayoría absoluta de su marido la convirtió en primera dama. Una distinción de la que nunca hizo alarde y que le impedía disfrutar de los estrenos teatrales por el despliegue de escoltas. Ocurrió con El cementerio de automóviles de Fernando Arrabal o con El adefesio, de Rafael Alberti, con la presencia en el elenco de María Casares, hija de un ex presidente de la República. En 1996, el triunfo de Aznar la liberó de esa condición de primera dama, aunque su marido tuviera que beber el almíbar de la derrota. Cuenta Amparo Rubiales en esas memorias que el abandono se pudo producir diez años antes. El 5 de marzo de 1986, cumpleaños de Felipe González, Carmen Romero y Amparo fueron entrevistadas en Televisión Española y después comieron con Felipe en la Moncloa. Éste les confió su intención de abandonar el Gobierno si ganaba el "No" en el referéndum de ingreso de España en la Alianza Atlántica, que era el eufemismo que los socialistas utilizaban para no decir OTAN.
Felipe González se fue haciendo cada vez más atlántico: amigo de los grandes escritores del "boom" a los que apadrinara Carmen Balcells, el de Bellavista se hizo embajador plenipotenciario de Macondo. Carmen Romero, por el contrario, se fue centrando en el mar de Serrat y de los cartagineses. Preside el Círculo Mediterráneo y mantiene especiales vínculos con las inquietudes de las mujeres marroquíes. El Estrecho de Gibraltar separa el Cádiz mediterráneo del atlántico, la misma sepultura para los cayucos que naufragan, los dos destinos del país que dirigió su marido mientras ella al principio sorteaba consorte hasta que dijo basta y bajó a la arena del Congreso de los Diputados.
Siempre discreta, prudente, cultivó amistades literarias como la del poeta Vicente Núñez, voz singularísima del grupo Cántico, hijo de la población cordobesa de Aguilar de la Frontera, donde existe un colegio que lleva el nombre de Carmen Romero.
La mujer que estaba sola con sus dos hijos pequeños en su casa sevillana de Espinosa y Cárcel número 6 (calle en la que también vivió Borbolla) cuando el 23 de octubre de 1974 recibió la visita de dos inspectores de policía que preguntaban por Felipe. "Mi marido está fuera de Sevilla", fue la respuesta. El ausente acababa de ser elegido en Suresnes secretario general del PSOE renovado, para distinguirlo del PSOE histórico de Rodolfo Llopis. El testimonio periodístico de Juan Holgado Mejías, el primer reportero que entrevistó a su marido cuando todavía era Isidoro, lo reproduce Guerra en el primer tomo de sus memorias: "Como en casa de Felipe González no había teléfono, Carmen salió de su domicilio, dejando a los niños con los policías, y desde un teléfono cercano puso en conocimiento de su cuñado, Paco Palomino, que la policía estaba esperando a Felipe". Después vino la noche en la Gavidia compartiendo calabozo con el periodista y el interrogatorio. Las preguntas sobre ciudades y personas con las que había estado el detenido; sus respuestas: en Lisboa con Mario Soares, en Bonn con Willy Brandt, en París con Mitterrand. Y la profecía del policía: "Creo que dentro de poco vamos a tener que pedir trabajo a este hombre".
Felipe sigue estando fuera de Sevilla. Y Carmen dejó el escaño, mas no el apego a Cádiz. Los paseos con sus amigos: el arquitecto Julio Malo de Molina, el eterno alcaldable Rafael Román, la diseñadora Tere Torres. Y el itinerario ideal: cena en el bar Terraza, una copa en el barrio del Pópulo. Y un poquito de Francés por libre con los fanfarrones.
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