Juanma Moreno A lucky man

  • La crisis del PP de Pablo Casado convierten al presidente de la Junta casi en el único referente nacional de su partido

Lucky man Lucky man

Lucky man / Julio Caro/EFE

La Feria de Sevilla ha dejado extrañas imágenes, José Manuel Soto le canta a Susana Díaz, Marta Bosquet confude el real con el Starlite de Marbella y el presidente Juanma Moreno se fotografía como Robert Palmer con muchas mujeres vestidas de rojo. Como el mapa de España. Juanma Moreno, quién lo iba a decir, convertido en el Astérix de la aldea gala. Con el gallego Alberto Núñez Feijóo como único acompañante. ¿Quién de los dos es Obélix y cuál el llamado a ocupar el trono de hierro de los galos?

Como las acompañantes de Juanma Moreno, el CIS de José Félix Tezanos anuncia una España roja; al menos, por los primeros puestos por votos; otra cosa serán los pactos electorales, pero el PP de Pablo Casado corre el riesgo de ahondar un poco más en la crisis si pierde los gobiernos de la comunidad de Madrid y de Castilla y León. Y no hay ni uno ni dos, sino bastante más dirigentes locales, que han llegado a pensar en el presidente de la Junta como un posible recambio de Pablo Casado. Sí, la mayor parte piensa en una segunda oportunidad para Alberto Núñez Feijóo, pero los morenistas recuerdan, y con razón, que el presidente de la Xunta fue uno de los pilares de la elección de Casado en las primarias que le ganó a Soraya Sáenz de Santamaría.

Núñez Feijóo era el candidato natural para suceder a Mariano Rajoy, pero el ex presidente se marchó de modo tan fugaz que sólo le dejó 15 días al gallego para organizar su relevo, tanto en la Xunta como en el partido. Y Feijóo sintió el mismo vértigo que Susana Díaz cuando dejó pasar a Pedro Sánchez en sus primeras primarias, y valga la redundancia. Cuando lo quiso sentenciar en la segunda, Sánchez ya se había hecho con la militancia del PSOE gracias a su carácter de perseguido del Ibex y sus secuaces.

Ni Juanma Moreno ni los suyos desean escuchar estos cantos de sirena, pero el oído se sublima con tales elogios. Quién iba a decirlo el 1 de diciembre, el día antes de las elecciones autonómicas andaluzas, cuando en la sede de Génova ya estaba preparada la carta de dimisión de Moreno como presidente del PP, y José Antonio Nieto y Pepe Ortiz estaban dispuestos en la retaguardia para rescatar el pecio del naufragio. La política se debe regir por unas leyes subyacentes más extrañas que las de la mecánica cuántica porque de lázaros resucitados están repletos hoy los liderazgos.

Juanma Moreno no tiene carácter del líder, pero sus datos y las circunstancias lo han convertido en ello. Cuando pasen las elecciones del 26 de mayo, es muy posible que los únicos dirigentes con poder territorial en el PP sean él y Núñez Feijóo. Si fracasa Isabel Díaz Ayuso en Madrid, estos dos populares serán como los jefes galos de una Hispania tomada por los romanos, una comparación a la que le gustaba recurrir José Antonio Griñán cuando se convirtió en presidente federal del PSOE. Un inciso: lo de Díaz Ayuso acrecentará el fracaso de Casado al apostar por una hiperventilada propia de pertenecer a Vox. Lo más parecido que han encontrado a Rocío Monasterio. Pero con menos inteligencia: su último hit ha sido negar que la cabalgata del Orgullo Gay se traslade a la Casa de Campo, tal como ha querido Vox, porque allí "hay familias". 

Moreno no obtuvo un buen resultado el 2 de diciembre, pero la voluntad de cambio del electorado andaluz después de 26 años de gobiernos socialistas amplió la base del centro y las derechas, y dejó a medio millón de votantes socialistas en sus casas. ¿Arrepentidos? Parece que no, más bien levantaron las manos para que ocurriese lo que tenía que ocurrir, sin apoyar de modo explícito a Ciudadanos y al PP. Andalucía ha entrado en esa fase de que cada elección tiene su afán: en el 28 de abril, volvió a ganar el PSOE, pero Ciudadanos fue el segundo, por delante del PP. 

Como hombre afortunado, Moreno ha salido más fuerte del 28 de abril, sólo por comparación con el resto de líderes populares. Tampoco es para venirse tan arriba, y además tiene a mano el ejemplo de Susana Díaz para conjurar cualquier tentación de montarse en el AVE de Madrid. Su éxito, si lo lograse, reside en la Junta de Andalucía.

El Gobierno del PP y de Ciudadanos ha celebrado estos primeros cien días de gestión, y no parece que la sensación general sea de rechazo, sino de expectación. Juanma Moreno es un hombre afortunado y, como tal, ha tenido suerte con su consejero de Hacienda, Juan Bravo, a pesar de que el ex diputado ceutí llegó a la Junta como segunda opción después de que enfermase el primero. Bravo está en la cuadratura del círculo, en bajar los impuestos y aumentar la recaudación, y por el momento le va a salir. En junio presenta los presupuestos autonómicos de 2019 con un notable incremento de las partidas de sanidad y de educación.

Esto se debe en buena parte a la marcha de la economía española, se recauda más y la ministra María Jesús Montero repartirá más entre las comunidades. Si Pedro Sánchez logra formar Gobierno pronto y Montero reedita el Presupuesto que le echaron para atrás, habrá bastante más dinero para las autonomías.

Gobernar en tiempos de bonanza es no equivocarse. Moreno no va a tener problema con Ciudadanos, de no ser que Albert Rivera dé un bandazo como el de Casado, pero ni PP ni Juan Marín van a romper el primer Gobierno alternativo al PSOE después de cuatro décadas. Durará sus cuatro años; otro asunto es cómo resuelven ambos la incomodidad de Vox. Algo le tendrán que echar de comer. Nuevos impuestos, quizás alguna concesión en materia de Memoria Histórica, pero poco más. Tampoco se debe descartar que Vox se oponga a la aprobación de algún presupuesto, pero ni por ésas habrá adelanto electoral. Si hay alguien interesado en que no haya elecciones es Vox, que se puede encontrar con una reordenación del electorado andaluza de derechas.

Claro, que con esto no bastará. Al nuevo Gobierno de Moreno y Marín se le medirá por un parámetro: la deferencia del nivel de parado andaluz con respecto a la media, si la brecha no se cierra, su misión histórica quedará en entredicho.

 

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