Cinco Llagas

Un final de película

  • La legislatura termina con una clara fatiga también en los debates y una sesión de control en el Parlamento regional sosa, áspera, repetitiva y para la galería

Teresa Rodríguez, en su escaño del Parlamento Teresa Rodríguez, en su escaño del Parlamento

Teresa Rodríguez, en su escaño del Parlamento / Raúl Caro / Efe

Casablanca, Tom y Jerry, Titanic, Bienvenido Mister Marshall, Barrio Sésamo, 1 2 3, vídeos, plagios... Con estos ingredientes, nadie se creería que el (posible) último pleno de la X legislatura del Parlamento andaluz haya sido soso. Pero lo fue, además de áspero, repetitivo y de cara a la galería. Nada de fin de fiesta por todo lo alto, lleno de reproches y polémicas, como en otras grandes ocasiones.

La (presunta) última sesión de control a la presidenta ha mostrado más cansancio que entusiasmo en propios y extraños. Se diría que la legislatura termina por agotamiento. Y, con un punto de nostalgia, muy cinematográfica: Maíllo veía a Díaz como a Mayra Gómez Kemp en la subasta de 1 2 3, porque lo que decía era verdad, pero no toda la verdad. La presidenta, a su vez, le adjudicaba al jefe de IU el papel cenizo de don Cicuta en el mismo programa.

Juan Marín arrancó con deducciones propias de Barrio Sésamo: “no es lo mismo gestionar, que gastar”, repetía una y otra vez. Y Susana lo sentó en el piano de Sam en Casablanca tocando una canción antiandaluza compuesta por Albert Rivera, en vez de la deliciosa As time goes by: “Tóquela de nuevo señor Marín”. Curioso que Marín la salvara reiteradamente en sus críticas a la Junta y al Partido Socialista, tan amplias como suaves. Y más curioso aún, que ella le dejara a él al margen en sus ataques a Rivera. Es el principio de una buena amistad, quizá con coalición y todo.

Teresa Rodríguez utilizó a Berlanga para espetar a la presidenta que la suya es “una economía propia de Bienvenido Mister Marshall”. Y sacó a pasear la falta de convergencia con Europa para comparar la presunta resignación presidencial con los músicos del Titanic.

Eso fue antes de que se agarraran a propósito de sus respectivos niveles de cualificación académica. Díaz le metió el dedo en el ojo a su adversaria: “la economía tampoco es lo suyo”. Y la jefa de Podemos le respondió con una pedrada de difícil devolución: “Usted pone en duda mi formación, pero yo no tardé diez años en terminar mi carrera”. Si el debate de ayer es la prueba del algodón de cómo quedan las cosas para la próxima legislatura, la quiniela de posibles socios de los socialistas se inclina claramente hacia su derecha.

Algo peliculera fue la contienda entre Juanma y Susana. El jefe del PP andaluz la acusó de jugar al ratón y el gato, sin alusión precisa a Tom y Jerry. Y ella le reprochó un vídeo de su partido en el que se marchita una rosa, acusándolo de plagio, porque ya lo utilizó la derecha en Francia contra Mitterrand. Aunque, eso sí, se cuidó mucho de utilizar la palabra plagio, tabú en la familia socialista esta temporada.

Hubo levísimas alusiones a la proximidad electoral. La presidenta sólo dio una pista de calendario. En respuesta al portavoz socialista, Díaz dijo que el 8 de octubre ajustarán cuentas la ministra y el consejero de Hacienda. Esa reunión servirá seguramente para escenificar un buen acuerdo de financiación.

Momento ideal para hacer coincidir con esas fechas una convocatoria electoral para el 2 de diciembre. (Hipótesis del cronista). Sobre el adelanto electoral fue más explícito Moreno: “se quejó de que le habían robado 80 días de legislatura por el retraso en la investidura y ahora usted le iba a quitar 100 días por detrás”.

Rifirrafe con Juanma Moreno

El jefe del PP pintó un balance muy negativo de los cinco años de susanato, que se acaban de cumplir: más pobreza, ausencia de leyes importantes sobre formación profesional, buen gobierno o infancia… y recortes en educación y sanidad. Enternece oír a un dirigente del PP quejarse de recortes. Y Moreno es reincidente. Por ahí entró la presidenta con la facilidad del ataque del Sevilla contra el Real Madrid.

Díaz le recordó los atropellos a Andalucía del Gobierno de Rajoy “mientras dejaba una lluvia de millones en Cataluña”. Y usó un comodín que tiene gastadísimo, pero no se cansa de emplearlo: los recortes que hizo en dependencia cuando era secretario de Estado de Servicios Sociales.

Díaz argumentó que nadie se cree que Andalucía esté ahora peor que hace tres años. También se lo dijo a Rodríguez, pero la anticapitalista se lo replicó bien: todos han avanzado, pero otros mucho más que Andalucía. También intentó la presidenta hacer la pinza de Podemos con el PP, pretendiendo que atacar a su gestión es denigrar a Andalucía. Pujolismo en estado puro, anotó este cronista en su cuaderno.

Moreno se defendió muy bien: “no la atacamos a usted, atacamos a su Gobierno, la veo a nerviosa, desesperada”. Para añadir a continuación otras letanías bastante gastadas: modelo agotado, parálisis asfixiante, leyes que no sirven para nada… Ella aprovechó para despedirlo de la Cámara, augurándole una derrota electoral. Y esta vez vaticinó su salida de la política por la puerta de atrás. Dura.

Igual que con Teresa Rodríguez. La líder de Podemos la acusó de no hacer nada para cambiar el modelo productivo. De no haber sabido utilizar los 100.000 millones de fondos europeos, de gastarlos en los ERE, en los cursos de formación, en las redes clientelares, “y en la peor corrupción, en comprar paz social”.

Y Díaz –de nuevo repitiéndose– la acusó de pintar una Andalucía negra como la derecha. Y tiró de estadística para demostrar algo evidente, que Andalucía como en todos los períodos de crecimiento, tiene mejores datos que la media española. Lo atribuyó a la planificación económica. Unos planes que nunca han evitado que en todos los períodos de crisis Andalucía de siempre consiga peores resultados que la media.

Guante blanco con Juan Marín

Con Marín tuvo un intercambio de guante blanco. Él hizo un relato de grandes obras de infraestructura pendientes. Ella le dijo que muchas de ellas son de responsabilidad estatal. Él recordó algunos acuerdos firmados por ambos y casi pidió disculpas por los reproches a la Junta y al PSOE. Ella le explicó el daño que han hecho los presupuestos de Rajoy votados por Rivera, que es el malo de la película, y exculpó a su (posible) próximo vicepresidente.

Maíllo se quejó de la precariedad laboral en el sector turístico. Díaz explicó muy ufana que en agosto habían aumentado un 72% los contratos indefinidos respecto al año pasado. El jefe de IU se burló: “sí, han pasado del 2,27% al 4,33%”. Y remató pidiendo elecciones: “convoque para que haya un gobierno que devuelva la dignidad y el orgullo de ser presidenta de Andalucía”. Pensaría en Rodríguez, su candidata. Al menos eso imaginó Díaz, que le afeó “lo que ha hecho con su fuerza política”.

Sesión de control sin sobresaltos, con sus señorías deseando elecciones. El capítulo peliculero era ficticio. Con DiCaprio, Winslet, Bogart, Bergman, Isbert o Lolita Sevilla habría sido otra cosa. Pero no me negarán que ha sido un final de película.

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