La legislatura más complicada

La dirección de IU se vuelca para que el martes sus bases aprueben un gobierno de coalición con el PSOE, pero eso no será lo más difícil, sino la crisis y la convivencia

La legislatura más complicada
La legislatura más complicada
Juan M. Marqués Perales

22 de abril 2012 - 05:04

LAS sesiones de apertura de los parlamentos son tan solemnes como previsibles. Justo lo contrario que los nuevos tiempos políticos, que mutan tanto como los económicos, con el riesgo de que un día se terminen recombinando en uno de esos virus, definitivamente, letales. España se acuesta ahora republicana y se levanta monárquica. En el andaluz, que inició su novena legislatura el jueves pasado, sólo se esperaba con expectación la fórmula de promesa del parlamentario Juan Manuel Sánchez Gordillo, el alcalde de Marinaleda, uno de los 12 diputados de IU. Esta suerte de Mario Vaquerizo en versión agrarista que lo hizo por imperativo legal, con el objetivo de subvertir la dictadura de los mercados y para conseguir la libertad de esta "nación sin soberanía" que es Andalucía. La perorata de todas las sesiones -le faltó invitar al hijo de la duquesa para salpimentar el guión de su reality-, aunque algún que otro experimentado diputado socialista se esperaba lo peor: alguna mención al elefante de Botsuana.

Hubo una parlamentaria de IU que prometió por obligación legal debido a sus "convicciones republicanas", y sólo Diego Valderas, Ignacio García e Inmaculada Nieto usaron el espartano prometo. Tal variedad de fórmulas experimentaron buena parte de los parlamentarios de IU que un ex alto cargo del Gobierno central envió el siguiente mensaje al líder de la federación de izquierdas, al mencionado Diego Valderas: "Vaya tropa". Desconocemos la respuesta, pero esta aparente banalidad puede ser uno de los terribles errores del Gobierno de la probable coalición entre el PSOE e IU. Hay muchos mirando, y recuerden la corona de Cristo de Maragall y Carod Rovira en Jerusalén o las estúpidas diatribas entre los socialistas gallegos y sus socios del Bloque Nacionalista sobre cómo debía escribirse el topónimo de Galicia -Galiza o Galicia- para recordar los peligros de los Gobiernos de coalición, y más si son de izquierdas. Las chanzas en tiempo de crisis son mortales.

En este contexto, el PSOE e IU están a punto de concertar un Gobierno de coalición, y enfrentarse a la que, posiblemente, será la legislatura más difícil desde que Andalucía instauró su autogobierno en 1982.

Difícil porque no hay dinero para gobernar; difícil porque los primeros pasos del PP nacional indican que han puesto el punto de mira en Andalucía mientras que la que está para ser intervenida es la otrora ejemplar Comunidad Valenciana; difícil porque el grupo mayoritario -que es el popular- estará en la oposición y ello le otorga un mayor grado de legitimidad a sus acciones, y difícil porque así son los gobiernos de coalición: tendentes a la bicefalia. En sólo una semana, el Gobierno andaluz le ha dado un tajo del 8% a su presupuesto, el central le ha enviado al Constitucional las oposiciones para 2.839 plazas de profesores y, mediante decreto, le aumenta las horas de clases y de niños por aula. Sobrarán unos 6.000 interinos de la enseñanza. Manuel Chaves está asombrado del error del PP de volver a la estrategia del conflicto permanente con Andalucía. Arenas, que atesora un capital político muy importante en la comunidad, también lo debe saber porque ya vivió esa experiencia.

El presidente de la Junta, José Antonio Griñán, y Valderas -ambas son personas templadas en el buen sentido de la palabra- van a tener que conversar mucho para que su Ejecutivo pueda durar los próximos cuatro años. IU va a llevar hasta el final su referéndum a las bases, así que hasta el próximo martes, cuando voten los 6.000 militantes andaluces, no sabremos si sólo hay acuerdo de legislatura o Gobierno de coalición. El PCE, que claramente es la fuerza hegemónica en IU, está volcado en convencer a sus electores para que voten por el gobierno bicolor, pero aún hay muchas reticencias. Valderas desea que su formación entre en el Gobierno. Y José Luis Centella, el cordobés que es secretario general del PCE, y José Manuel Mariscal, el jefe de los comunistas andaluces. Pero cada hombre y mujer es un voto, y el resultado del referéndum -cuyo resultado no se conocerá hasta el miércoles- es incierto. Hay militantes que creen que entrar en el Gobierno es un suicidio, y otros, que el PSOE y el PP "son el perro con distinto collar", como mantuvo un dirigente del PCE de un pequeño pueblo sevillano a este medio. Hay poblaciones de Andalucía donde los populares gobiernan con IU.

Sólo sabremos con los meses si el corte que Valderas se hizo en dos tendones al intentar atacar a un jamón blanco la noche del martes, o el cólico nefrítico que sufrió Centella también a esas horas, se deben entender como un presagio de otros sufrimientos.

Desde que muriera Engels, los socialistas y los comunistas no han dejado de pelearse. Y no es que sólo se devolvieran el rosario de la madre, que fue lo que hizo Santiago Carrillo en 1939 cuando su padre Wenceslao, socialista y de la UGT, apoyó junto a Julián Besteiro el golpe de Estado del teniente coronel Segismundo Casado contra el tozudo doctor Negrín en un intento de poner fin a la Guerra Civil mediante un acuerdo con el otro bando. José Antonio Griñán se quedó asombrado cuando leyó El hombre que amaba a los perros, del magistral Leonardo Padura, un escritor cubano imprescindible que, a pesar de las críticas al régimen que rezuma toda su serie negra del detective Mario Conde, aún vive en La Habana. Y José Bono, otro de los que le gustan vivir en un reality, le aconseja que no pacte con "estalinistas" como Sánchez Gordillo. La novela de Padura retrata, en varios tiempos, la vida y muerte del asesino de Trosky a manos del enigmático esbirro de Stalin, Ramón Mercader.

A lo largo de estas tres primeras semanas de negociaciones entre PSOE e IU, Griñán y Valderas han conversado dos veces. No forman parte de las comisiones que han tratado del pacto, pero han solventado algunos momentos críticos, como el que precedió a la elección del socialista Manuel Gracia como presidente de la Cámara andaluza cuando lo previsto es que fuera Ignacio García, parlamentario gaditano de IU. Según han explicado varias fuentes, Griñán pensaba hacer un Gobierno de ocho Consejerías, y allí sólo había dos para IU, con lo cual la federación optó por renunciar a la Presidencia del Parlamento para ganar más poder ejecutivo. Manuel Gracia se enteró casi poco después de las tres de la tarde del miércoles que iba a ser el presidente.

La experiencia enseña que a los presidentes del Gobierno nadie les hace sus gabinetes, y que éstos no se cierran con nombres y cargos hasta la última hora, pero es verdad que Griñán pensaba en esas ocho consejerías, un número pequeño para lo que es Andalucía: casi un país europeo en dimensiones geográficas y poblacionales. "Eso es sucumbir a la demagogia, porque las funciones no desaparecen", sostuvo a este diario un parlamentario de IU.

Es posible que Griñán esté madurando otro esquema, que vaya a ampliar hasta 10 el número de departamentos -ahora son 13-, pero sus problemas vendrán después si es que IU, finalmente, le da el visto bueno al referéndum. Valderas será posiblemente el vicepresidente, pero entre él y Griñán deberán elegir consejeros pragmáticos. Vienen cuatro años de curvas, y su única ventaja es que el Gobierno de Madrid está aún más apurado que ellos. Y lo peor es que se les nota: Merkel aprieta y ahoga.

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