Medio ambiente

Las contradicciones de la "revolución verde"

  • Moreno recibe tras volver de la cumbre del clima a un representante de Ryanair, entre las empresas más contaminantes de Europa en 2019

Juanma Moreno saluda a Eddie Wilson, consejero delegado de Ryanair, en San Telmo.

Juanma Moreno saluda a Eddie Wilson, consejero delegado de Ryanair, en San Telmo. / Julio Muñoz / Efe

Un año antes de la pandemia, la Comisión Europea publicó la lista de las empresas más contaminantes del continente. Aparte de las centrales eléctricas de carbón, un clásico en estas listas negras, apareció por primera vez entre las diez primeras entidades emisoras de gases con efecto invernadero una aerolínea, Ryanair. Ayer, un día después de volver de la cumbre del clima de Glasgow, Juanma Moreno recibió en San Telmo al consejero delegado de Ryanair Eddie Wilson tras postularse como ariete de la "revolución verde", eslogan que ha perdido gas en la distancia existente entre el espacio aéreo escocés y el andaluz.

La foto que vincula a la Junta de Andalucía y a la aerolínea de bajo coste es la evidencia de una contradicción. Y no es necesario recordar las célebres palabras del consejero delegado de Ryanair, Michael O’Leary, cuando tachó en 2017 que la preocupación por el cambio climático era una "paparrucha". Sólo hay que exponer los datos publicados en 2019 por la Comisión Europea y la ONG Transport and Environment (T&E) justo antes de la parálisis turística provocada por la pandemia. Raynair había aumentado las emisiones de CO2 un 6,9% en un año y un 49% en un lustro. Menos la aviación, todos los sectores estaban reduciendo entonces los indicadores de contaminación.

"Ryanair es el nuevo carbón", dijo entonces el responsable de aviación de la asociación T&E. Por eso Moreno se manchó ayer las manos de hollín casi al mismo tiempo que el portavoz del Gobierno, Elías Bendodo, recordaba que los motores de la economía andaluza son la agricultura y el turismo, dos industrias con un elevado grado de contaminación.

Las aerolíneas tratan de mitigar los efectos que su actividad provocan en el planeta desde el Acuerdo de París, texto que reemplaza a lo prescrito en el Acuerdo de Kyoto y que es de aplicación desde 2020. Pero el motor de la industria turística no puede frustrase así porque sí. Uno de los esfuerzos se centra en el empleo de combustibles menos contaminantes que el queroseno. El reciente vuelo de Airbus A320neo entre Madrid y Bilbao se recorrió con un 1,84% de biocombustible. El resto, naturalmente, era el agresivo queroseno de toda la vida.

La Comisión Europea quiere que en 2025 la aviación cubra el 2% de su consumo con combustibles sostenibles, para incrementarse al 5% en 2030. "La transición ecológica es complicada", ha recordado recientemente Javier Gándara, presidente de la Asociación de Líneas Aéreas.

El problema está en el precio de este género de biocombustibles: "Cuestan tres o cuatro veces más que el queroseno", indicó Gándara en una pieza sobre actividad aérea publicada en Cinco Días.

El sector de las aerolíneas teme como una vara verde una futura subida en el precio de los viajes y piden incentivos. No son suficientes, al parecer, los subsidios que las administraciones públicas dedican a la actividad aérea. De entrada, a la Junta no se le va a ocurrir aplicar impuestos a la aviación comercial. Cataluña ya lo hace. También lo hacen Alemania o Francia, lugares donde la "revolución verde" es menos contradictoria que en Andalucía.

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