Los Reyes saludan a los héroes de Adamuz mientras se levantan los últimos cadáveres
Las grandes grúas aún no han podido acceder a los vagones destrozados del Alvia
Felipe VI y Doña Letizia visitan Adamuz, el centro cívico de Córdoba y el Reina Sofía
Tragedia ferroviaria en Adamuz
Julio Rodríguez y José Cepas habían pasado un domingo de pesca en un embalse cercano a Adamuz, pero antes de llegar a casa escucharon el fuerte impacto del choque de los trenes Iryo y Alvia en la línea de alta velocidad. Los dos amigos, de 16 y 17 años, corrieron hasta lo que hoy es la zona cero de una tragedia ferroviaria que ha dejado, por el momento, 42 muertos, y estuvieron casi toda la noche sacando heridos de los vagones.
Julio Rodríguez, un chaval que está en cuarto de la ESO, es uno de los héroes que los Reyes han saludado este martes. Junto a otros que se van haciendo conocidos en los medios, como Gonzalo Sánchez, el lotero que transportó a las víctimas en su quad, o Rafael Prados, el sacerdote que consoló a algunos de los heridos leves en el Coro de la Virgen del Sol, forman parte de la legión de vecinos de este pueblo cordobés que puso la cara amable de una noche demasiado triste.
"Un país manifiesta su fortaleza por cómo atiende a las emergencias", ha dicho Felipe VI, que junto a doña Letizia han visitado la zona cero, además del centro cívico de Córdoba donde esperan los familiares y el hospital Reina Sofía. Todo ha sido muy distinto a Paiporta, los gobiernos autonómico y central entendieron desde la noche del domingo cuál era la magnitud de la tragedia y cómo no se podían comportar. El presidente de la Junta, Juanma Moreno, y el ministro de Transportes, Óscar Puente, se han venido regalando elogios desde hace tres días. Los dos, junto a la ministra María Jesús Montero, han estado en las vías.
Los vagones del tren Iryo aún están repletos de maletas, hay ordenadores, bolsas de El Corte Inglés, mantas, algunas zapatillas sueltas, pertenencias de los vivos y también de los muertos. Sobre las vías queda el rastro del trabajo de los equipos de emergencias, hay decenas de bolsas vacías de suero, compresas, guantes azules de gomas y un libro violeta de Sara Rubayo sobre historia del arte. Todo lo que hay más abajo, a unos 800 metros al sur, es aún peor: son los restos del tren Alvia. Allí viajaban muchos onubenses de vuelta de Madrid, ellos se llevaron la peor parte del brutal impacto.
El del domingo ha sido el peor accidente de la alta velocidad en España, la cifra negra es de 42 muertos, pero aún pueden quedar algunos cuerpos debajo de los coches 1 y 2 del Alvia. No muchos. Quienes dirigen el rescate creen que el conteo de la muerte está a punto de acabar. No obstante, antes de llegar los Reyes, se encontró un cuerpo en el Iryo y, después de marcharse, otro más, son los que suman 42. Pero en la ciudad de Córdoba, en el centro cívico Poniente Sur, hay muchos familiares que esperan desde el domingo por la noche a poder llevarse a sus parientes finados, ya son demasiadas horas, se nota cierta tensión. El juzgado tiene que autorizar los traslados, pero para ello tienen que completarse las autopsias y la identificación dactilar o por ADN de cada una de las víctimas.
Tal como cuenta Julio Rodríguez a los periodistas, la escena del domingo por la noche fue dantesca. Había muertos en las vías, piernas, heridos que no sabían si estaban vivos o se habían ido para siempre, sangre y mucha confusión. Él y su amigo José fueron más de 10 veces desde el tren Alvia a una subestación ferroviaria con los heridos a cuesta. Gonzalo Sánchez llevó a 16 heridos en su quad. Uno de ellos, Hugo, le contó "casi toda su vida". Viajaba con su madre, que ha muerto, y un hermano, que está herido. El párroco explica que había gente en Adamuz que no entendían qué hacía allí. "Otros -sigue el sacerdote- estaban como si no hubiese pasado nada". "A las tres de la madrugada despedimos a las últimas chicas, que eran de Toledo, y nos fuimos a dormir, pero nadie pudo dormir esa noche", relata.
Y es que, tal como adelanta Julio Rodríguez, es posible que los que han aguantado el tirón estos días sufran más tarde algo parecido a un estrés postraumático. Su amigo José, por ejemplo, prefirió no ir al encuentro organizado con los Reyes.
En la zona cero hay mucho trabajo aún. Junto a los vecinos de Adamuz, han ido a saludar a los Reyes sanitarios de Emergencias, bomberos del consorcio provincial de Córdoba, guardias civiles, municipales, militares de la UME, voluntarios de Protección Civil, trabajadores de Adif, todo el tropel de uniformes que llevan desde el domingo en este tramo de la línea de alta velocidad.
La fatalidad y las causas
El accidente del Alvia y el Iryo no se entiende sin la fatalidad de que el descarriamiento del vagón número ocho del tren que iba de Málaga a Madrid coincidió justo en el momento que pasaba por la vía paralela el que viajaba hacia Hueva. Si no hubiese sido así, o si el fatal cruce hubiera ocurrido 30 segundos después, hoy estaríamos hablando de un descarrilamiento. Veinte segundos hubieran bastado para que se accionase el frenado automático del sistema de seguridad de la vía.
El origen fue el descarrilamiento del último vagón del Iryo, que fue con el que impactó el Alvia y que, del golpe, se desbocó y terminó a unos 800 metros. Dos de sus primeros vagones, donde se produjeron la mayor parte de las muertes, cayeron en un talud.
La parte más complicada de los trabajos consiste en eso, en levantar esos dos vagones, colocarlos sobre la plataforma e inspeccionarlos. Dos grandes grúas de la empresa Alhambra llegaron el lunes, pero antes se deben dejar limpias las vías y asegurar el anclaje de la maquinaria. Eso va a tardar. En las vías sí hay máquinas que operan para sacar los vagones del Iryo.
La investigación se centra ahora en averiguar si una rotura que hay en el rail causó el descarrilamiento de Iryo y, como consecuencia de ello, el impacto con el Alvia. Los bogies (ruedas) del Iryo tienen muescas que indican que, efectivamente, la rotura se había producido antes del accidente, no como consecuencia de ello, pero también es cierto que Adif revisa cada noche todos los puntos de la vía.
El ministro Óscar Puente prefiere esperar a los trabajos de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios, que es la encargada de analizar las causas de los siniestros. Esto va a formar parte de un segundo capítulo de esta tragedia. Al primero aún le queda el rescate de todos los cuerpos y los permisos para que los familiares puedan enterrar a sus muertos.
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