Tiempos de arte. Entrega II

Klimt y los cuadros de la Universidad de Viena

  • Entre finales del XIX y comienzos del XX, unas obras del pintor provocaron una polémica de ecos internacionales que trascendió los ambientes académicos y alcanzó incluso al Gobierno austriaco

El pintor austriaco Gustav Klimt (1862-1918). El pintor austriaco Gustav Klimt (1862-1918).

El pintor austriaco Gustav Klimt (1862-1918). / D. S.

A Gustav Klimt se le conoce por un apasionado cuadro, El beso. Menos sabido es el valor que Klimt concedía a la pasión: la consideraba clave de la vida e impulso de la propia inteligencia. Llevó estas ideas a los cuadros encargados por la Universidad de Viena para su nueva Aula Magna. No fueron bien acogidos. Aquellas obras desbordaron el ámbito académico, desataron un debate que llegó al Parlamento, alcanzó al Gobierno e incluso tuvo ecos internacionales.

Klimt nace en 1862. El padre, grabador y dorador, matricula a sus hijos Gustav y Ernst en la Escuela de Artes y Oficios, vinculada al Museo de Arte e Industria. En 1881 los dos hermanos y otro alumno, Franz Matsch, fundan un grupo de estudio que pronto convierten en empresa: la Compañía Artística (Kunstlerkompagnie) trabajará en los edificios que se están levantando en la Ringstrasse.

Boceto de 'Medicina'. Boceto de 'Medicina'.

Boceto de 'Medicina'. / D. S.

En 1886 pintan los frescos de la escalera del nuevo Burgtheater, proyectado por Semper y von Hasenauer, y en 1891, las enjutas del Museo de Historia del Arte, obra de los mismos arquitectos. En 1890 Gustav Klimt recibe el Premio Emperador. Sorprendente: la distinción recae en un pintor de 28 años, cuando en Viena, según Stefan Zweig, ser joven era ya un demérito.

En 1894, la Universidad de Viena encarga a Gustav Klimt y Franz Matsch (Ernst Klimt había fallecido en 1893) la decoración de los techos de la nueva Aula Magna. Klimt se encargaría de las piezas sobre la medicina, la filosofía y la jurisprudencia.

'Filosofía'. 'Filosofía'.

'Filosofía'. / D. S.

En 1898 el boceto de Medicina despierta las primeras alarmas. ¿Por qué dar protagonismo a la ninfa Higea, si la medicina es ya un saber netamente científico? Además, a la izquierda, arriba, aparece una mujer completamente desnuda vista en escorzo: ¿no convendría sustituirla por un varón en actitud decorosa?

Todo se agrava cuando se expone Filosofía. En el lienzo, abajo a la izquierda, aparece un rostro de mujer, de mirada fría y fija: es el conocimiento, impotente, al parecer, ante la columna de figuras humanas que aman, engendran, cuidan a los hijos o envejecen sin esperanza ni consuelo. A la derecha, surgiendo de la oscuridad otro rostro de mujer, con mirada de esfinge, probable figura de la ciega voluntad de vivir, que Schopenhauer atribuyó a la naturaleza.

'Jurisprudencia'. 'Jurisprudencia'.

'Jurisprudencia'. / D. S.

El saber aparece, pues, como problema, no como logro. Ochenta y siete profesores piden al ministro de Cultura la retirada del cuadro. El ministro remite el problema a París: lleva el cuadro a la Exposición Universal de 1900 y el jurado le concede el primer premio. Así acalla las críticas y el Imperio Austro-húngaro presenta al mundo un rostro moderno.

Sin embargo las cosas se complican cuando se expone acabado Medicina. Higeia no ha perdido su centralidad ni la joven de la izquierda su desnudez, pero además la figura de la muerte aparece entre una mujer en avanzado estado de gestación y otra que amamanta a su hijo. El lienzo provoca una interpelación parlamentaria. El Gobierno austriaco aplaca la situación pero a la vez veta a Klimt como profesor de la Academia y concede la plaza a uno de sus más feroces críticos.

'Nuda Veritas'. 'Nuda Veritas'.

'Nuda Veritas'. / D. S.

En 1903 expone Jurisprudencia. No es el primer proyecto: Klimt lo ha radicalizado. En vez de la triunfante justicia que pensó al principio, coloca arriba su figura entre la verdad (a la que está sujeta) y la ley, su concreción positiva. Abajo, un hombre humillado está envuelto por los tentáculos de un gran pulpo, rodeado por las parcas. En el espacio intermedio, que separa a grandes ideas, arriba, de la fatalidad, abajo, unas pequeñas cabezas representan a los jueces. Es fácil imaginar qué críticas despertó.

Al final el comité universitario no rechazó los cuadros, pero exigió que sólo se mostraran fuera de la universidad. A Klimt la decisión no le satisfizo. El artista había apostado fuerte: quería subrayar que la ciega voluntad de vivir es anterior a la inteligencia y por tanto, un pensamiento riguroso exigía reconocer primero la propia condición pulsional. Así lo había sugerido en obras de 1899, Nuda Veritas, una joven desnuda, vista de frente, tiene en la mano un espejo. No se mira en él: está vuelto hacia el espectador, invitándole a reconocer su auténtico rostro.

Si la universidad rehusaba de hecho su trabajo, prefería recomprarlo, devolver los fondos recibidos y recuperar los cuadros. La iniciativa, difícil y costosa, se resuelve gracias al apoyo de un financiero judío, August Lederer, que incorpora Filosofía a su colección. Los otros dos cuadros los compra el artista Koloman Moser. Todos, sin embargo, iban a tener el mismo fin: durante la ocupación nazi de Austria, la Gestapo requisó los tres cuadros (entre otros de Klimt) y los almacenó en el Palacio Immendorf, destruido con cuanto contenía al incendiarlo la Werhmacht en plena retirada. De los debatidos cuadros sólo quedan los bocetos y alguna foto.

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