Bienal

La bienal de las tres amarguras

Imágenes cedidas por el ICAS. Ayuntamiento de Sevilla.

...y Sevilla. Baile: Antonio Canales. Cante: Segundo Falcón. Guitarra: Manolo Franco, Rafael Riqueni, Paco Jarana. Percusión: Antonio Coronel. Palmas: Bobote, Torombo. Coros: Inma la Carbonera, Cristina Sánchez, Juan A. Pérez. Lugar: Teatro Lope de Vega. Fecha: Domingo, 28 de septiembre. Aforo: Lleno

Rafael Riqueni entra en escena y desgrana una tras otra las falsetas más líricas, sentimentales, directas, que hemos escuchado hasta ahora en la Bienal 2014. A la altura del trémolo el público, que apenas ha tenido tiempo de ocupar sus asientos, es un clamor y el "ole" llena el teatro. Es cierto que las manos ya no pueden ir a la misma velocidad que la cabeza, pero el corazón manda.

Sigue la pulcritud, la serenidad, la energía contagiosa, elegante y sin embargo cómplice, de Manolo Franco por guajiras. Lo de Paco Jarana es otra cosa, un toque más intelectual, un mensaje más críptico, unas formas más barrocas, contemporáneas, la luz del que ha visto las sombras. Y luego uno de esos momentos que perdurará en la memoria del aficionado. Estas cosas sólo pueden pasar en Sevilla. Porque cuando los sones de Amargura suenan, por tercera vez en esta Bienal, a tres guitarras, un murmullo recorre el patio de butacas. Y cuando los sevillanos se encuentran con su memoria sentimental, con su infancia puesta en pie, hecha adolescente vestido de bonito, el teatro se viene abajo. Sevilla se mira en su espejo, en su semana grande, en su fiesta más íntima y más social. Riqueni lleva la voz cantante pero Jarana y Franco también han inventado nuevas variaciones para la vieja melodía de Font de Anta.

De una manera el espectáculo acabó aquí. Aunque se trataba sólo de la primera parte. La propuesta estaba dividida en tres, toque, cante y baile y aunque tuviera un título que las unificaba, nada tienen que ver la una con las otras. Eso sí, el sostén son las tres guitarras mencionadas, tres formas sevillanísimas de mirarse en el pozo de la guitarra.

De Segundo Falcón me interesó su atención por el fandango tremendista y delicioso de posguerra, que dijo con gusto, y la cabal a tres guitarras. También la malagueña, en que Riqueni le dio una réplica plena de austeridad y belleza. El resto de su recital pecó de amaneramiento.

El maestro Canales en los últimos tiempos puede ser genial o deliciosamente vulgar. Ambas cosas me interesan de él, pero lo que tuvimos fue ampulosidad, gesticulación excesiva y efectismos. Eso sí, el enorme bailaor que es le da un empaque y un carisma escénico imborrable, único.

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