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El mar y la civilización | Crítica

El hombre y las aguas

  • Lincoln Paine analiza la relación entre la civilización y mares y ríos en un libro que, entre la erudición y la anécdota, se erige en una lectura perfecta para año nuevo

La batalla de Trafalgar, por C. S. Stanfield (1783-1867).

La batalla de Trafalgar, por C. S. Stanfield (1783-1867).

Los documentales de sobremesa nos han acostumbrado a ver en el mar un inmenso parque natural: bosques de coral y manadas de tiburones que lentamente amenaza el avance del progreso, convirtiendo el agua en petróleo y en plástico los sargazos. Pero, como todo en el orbe humano, el mar es algo más: es también cultura, y, por ende, historia. Así, cabe una investigación de los océanos no basada en la aleta y el batiscafo, sino en la brocha del arqueólogo y la pluma del archivista. Además de fuente de biodiversidad, de garantía última de la habitabilidad de nuestro planeta, el mar es también un libro, o, mejor, una enciclopedia. En sus corrientes, en las costas que sirve para conectar, en la forma que tiene de aglutinar a los diversos continentes se cifra, capítulo a capítulo, la tortuosa evolución de esa especie que es la nuestra.

A partir de esa idea rectora, Lincoln Paine, a la sazón historiador naval, ha armado un volumen casi bíblico donde se relata ese antiquísimo matrimonio, el del hombre y las aguas. No sólo saladas: como muy bien deja él claro desde el principio, la navegación por ríos o lagos interiores (el Nilo, el Misisipí, el Mar Muerto) ha supuesto una parte tan esencial de la cultura humana como la que tiene lugar fuera, en eso que en una contundente metáfora se llama mar abierto. A menudo se piensa que el espacio azul que rellena nuestros mapas rodeando los contornos del litoral es una especie de vacío, un añadido estéril, un suplemento de lo verdaderamente esencial que tiene lugar en las zonas de color verde, amarillo y pardo que marcan valles y montañas: nada más alejado de la realidad. Cabe una historia marítima del mundo (es el subtítulo de la obra): una que, aludiendo a la sucesión de civilizaciones que ha producido nuestra historia, a las formas de arte, guerra, economía, pensamiento a que ha dado lugar, rastree su conexión con los mares y encuentre analogías útiles en las que hasta ahora quizá no se había reparado. El fuego, que aporta el trabajo de los metales, es un elemento de civilización evidente; el agua, con su elasticidad y su blandura, ofrece alternativas no menos eficaces.

Portada del libro. Portada del libro.

Portada del libro.

A lo largo de casi novecientas páginas monumentales, Paine recorre las primeras singladuras del Neolítico y los poblamientos, muchos de ellos inexplicables todavía, de las islas de Micronesia; el viaje del alma del Faraón por el río Nilo, en esquifes de oro y madera sagrada; la lucha de los romanos contra la piratería que infestaba el Mare Nostrum; la epopeya de los primeros marinos que atravesaron el Atlántico, vikingos antes que españoles; la epopeya de los primeros marinos que atravesaron el Pacífico, chinos antes que portugueses; el colonialismo inglés, el mercantilismo, la saturación del mar, su abandono. Y todo eso con una parsimonia y un tono a medias entre la erudición y lo anecdótico que lo convierten en una estupenda lectura de año nuevo.

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