Barcelona-Betis

Mejor guión que actores (3-1)

  • El Betis, con presión pero sin presencia ofensiva hasta la entrada de Rubén Castro, cae ante un Barça que jugó a modo de inventario. En defensa, se le juntan los fallos y la mala suerte.

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Se acusaba a Pepe Mel, y a algún que otro entrenador, de jugar para su bolsa en los partidos contra los grandes. Como si sabedor de antemano de que la derrota iba a caer de cualquier manera, se preocupase sólo de ofrecer una buena imagen; en definitiva, de armar un Betis vistoso y más bonito que bueno que cosechara elogios de cronistas y comentaristas pese a que la goleada en contra casi siempre lo acompañara en estos partidos.

Ocurría, empero, que el hoy entrenador del West Bromwich Albion apenas modificaba su idea de juego cuando de enfrentarse a un grande se trataba. Mel se limitaba a ser fiel a su concepción del juego, precisamente lo contrario de lo que suele hacer la mayoría de entrenadores ante conjuntos del potencial, por ejemplo, de este Barça. El técnico madrileño apostaba por la valentía, por presionar arriba y por el riesgo, pero sólo porque rara vez amorcillaba a su equipo atrás en partido alguno y no atisbaba motivos para modificar esa idea de juego. Y menos ante un equipo que, seguro, iba a acabar por doblegar una resistencia numantina. Ítem más: ni el Betis sabe jugar a eso, no con Mel sino tradicionalmente, ni suele configurar plantillas de esa condición.

Gabriel Calderón, sin embargo, sí parecía haber hallado, dentro de sus múltiples cambios de dibujo y de futbolistas, una idea para jugar lejos de Heliópolis. Le dio resultado con un empate justísimo y meritorio en Villarreal, pudo consagrarse con su histórica victoria en Nervión ante el Sevilla e incluso desvirgó la suerte visitante del Betis ante el Levante. En todos los casos se movió el Betis con cautela, relativamente cerca de Adán y aguardando su momento para salir y hacer daño con un zarpazo. Incluso en Elche le valió un punto la táctica, aunque aquel día le faltaran ambición y fuerzas ante un rival al que debió someter.

Pero en el Camp Nou cambió la película. No es que Calderón buscase ese reconocimiento hacia el juego de su equipo ni esa palmadita en la espalda de la que, maliciosamente, algunos acusaban a Mel. Simplemente, debió pensar que su modelo no le valía en tamaño escenario y que la apuesta, para salir vivo, no podía ser otra que la presión algo más arriba y cierta osadía. Había avisado y no mintió. Su baza iba a ser la velocidad. Pero quizá equivocó alguna de las piezas. Porque Cedrick no está para jugar hoy en el Betis y Leo Baptistao no puede alinearse a costa de que Jorge Molina y Rubén Castro se queden una hora en el banquillo. Si se entiende el castigo a Chica por su tramo final frente al Málaga, ahí están Varela o quien sea para que Juan Carlos se ubique en el extremo y el congoleño se quede en el banquillo. Situar al de Boadilla arriba, con Vadillo y Rubén Castro, también es optar por la velocidad, pero no sólo por el juego rápido, sino por algo más.

Y es que al Betis le faltaron calidad, tiento y talento para meterle mano al peor Barça de la temporada. Sea por la inminente visita al Atlético o porque Martino no introdujo sangre nueva en los blaugrana, sus futbolistas se tomaron el partido ante el Betis como un trámite. Una especie de inventario jugado a medio gas, sin presión, sin desmarques, sin hacer siquiera faltas... Como sabiendo que el Betis caería fruto de sus propios errores. Y, lógicamente, así fue.

Atrás concedió como siempre. Un penalti ingenuo y un gol en propia puerta, ambos del de siempre, Jordi, y otra pena máxima con la que fue castigado por un mal árbitro. Pero arriba pudo hacer daño, aunque su merodeo por el área del Barça, que fue más del que se esperaba y además constante, acabó en los enredos de Leo Baptistao o en disparos inocuos de Cedrick y Vadillo. Luego se unió un atribulado N'Diaye en sus incursiones ofensivas y hasta algún mal pase del activo extremo de Puerto Real. Pero la pólvora estaba en el banquillo. Y no apareció hasta entrada la hora de juego, justo cuando ya la acertada presión del Betis había menguado. No es que Rubén Castro y Jorge Molina le cambiaran la cara al Betis, una cara por otra parte vistosa y ¿digna?, pero sí le dieron presencia de verdad en el área. Y gol, el que marcó el canario sentando a tres zagueros del Barça con un sutil amago.

Porque en el fútbol hay muchos guiones a elegir y todos son válidos en el Camp Nou, máxime para este Betis de hogaño que lamentablemente aspira a poco más que perder. Aunque con los buenos actores sobre la escena quizá sea más factible obligar a sudar un poquito al Barça o, en un mal día, por qué no, incluso darle un susto de verdad. A Rubén Castro hay que saberlo llevar y hasta elegir con tino sus banquillazos. O quedará la duda de qué hubiese pasado si...

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