Betis Energía Plus

Pámpano & Costa: Vidas cruzadas

  • Lluís Costa, fichaje este curso del conjunto verdiblanco, y Ricardo Pámpano, bético y canterano cajista ya retirado, conquistaron en 2009 el Europeo sub 16 en Kaunas

Echan la vista atrás y tratan de recordar cuándo fue la última vez que se vieron. “Puede que en el Mundial sub 17 de Hamburgo, ¿no?”. “Ya ni me acuerdo, pero seguramente”. Los viejos amigos que hablan tras reencontrarse de nuevo sobre el parqué de San Pablo son Lluís Costa (27-02-1993, San Justo Desvern), uno de los nuevos fichajes del Betis Energía Plus para esta temporada, y Ricardo Pámpano (30-04-1993, Sevilla), canterano del club hispalense y “bético hasta la médula” que compartieron mil vivencias y un éxito en 2009, cuando conquistaron el oro en el Europeo sub 16 en Kaunas ante Lituania por 70-64 comandados por Diego Ocampo.  

El catalán lucirá la camiseta verdiblanca que el hispalense hubiera querido tras 11 años en el club, “vistiendo camisetas de todos los colores desde minibásket”, aunque una lesión crónica lo apartó de la práctica del baloncesto profesional en 2013. Antes tuvo la oportunidad de debutar con el Cajasol de Joan Plaza, jugando tres partidos en la 2010-11 y otros dos en la 2011-12 y protagonizando un momento imborrable que su amigo, curiosamente, recuerda. “Metiste un triple de 45 grados el día de tu debut, ¿verdad?”, rememora Costa mientras el sevillano no se olvida de apuntar que fue “tras sustituir a un tal Bullock, casi nada”.

Pese a no verse en años, la amistad forjada en las concentraciones de selecciones de categorías inferiores y en los duelos de los campeonatos de España no se debilitó y cuando el de Barcelona se comprometió por el conjunto verdiblanco le llegó un mensaje desde la capital andaluza al móvil: “¿De qué fichas de delantero o de defensa?”.

Las frases de Pámpano y Costa Las frases de Pámpano y Costa

Las frases de Pámpano y Costa

Estando juntos es imposible no recordar aquel hito logrado en Kaunas el 16 de agosto de 2009. Final ante Lituania y unos niños jugaban ante la anfitriona ante más de 7.000 espectadores. “Al principio te impresionas, pero por esa inconciencia de la juventud al final te da igual e incluso te vienes arriba al ver a 7.000 personas en tu contra. Recuerdo que todos los padres iban a buscar entradas y se las dieron bastante lejos. Se dijeron, “bueno, después nos movemos por el pabellón y ya nos ponemos en otros sitios más cerca”, como era lo normal en torneos de estas categorías. “¿Cómo? Está todo vendido”, les dijeron”, señala Costa, que añade sobre su amigo: “Él era el titular y el alma del equipo. Siempre transmitían buen rollo y eso, cuando estás un mes con los mismos compañeros con 16 años viéndonos las caras, es importante. Gente así hace equipo y además era un buen jugador que nos daba mucho en pista”.

Pero Pámpano hizo algo más que jugar y entrenarse con Costa. “Me fue metiendo el veneno verdiblanco desde entonces. Doy mi palabra que ponía el himno del Betis en el autobús camino de los partidos a todo volumen”, recuerda el catalán, que ya vivió su primer derbi. “Desde casa uno se hace una idea propia de lo que es el Betis. Estando aquí te das cuentas que esa idea es mucho más pequeña de lo que en realidad es. El día del derbi iba con un amigo que estaba de visita y cogimos un taxi para ir al campo y vivir el ambiente. Cuando llegamos nos preguntó cómo nos llamábamos y nos dijo: “Lluís, Toni, bienvenidos al templo de Sevilla”. Evidentemente no era sevillista, pero dice mucho de lo significa este club y cómo se vive ese partido en la ciudad”.

En la final de 2009 ante Lituania Pámpano fue titular por delante de Costa y Jorge Sanz

De aquel 2009 quedan muchas anécdotas por rememorar. Desde el día libre que tuvieron en la concentración de Guadalajara, en el que el grupo fue “a comer a un restaurante y tras días de dieta y entrenamientos parecía un cumpleaños de unos energúmenos en vez de un equipo nacional de baloncesto” o el acuerdo para que los que finalmente fueron seleccionados (hubo una preselección de 20 jugadores) se raparan la cabeza: “Lluís y yo lo propusimos y fuimos los primeros que cogimos la maquinilla. Dani Díez no consintió. Quizá ganamos por eso, porque lo cierto es que dábamos un poco de miedo”, indica el base hispalense. Allí, recuerda, se enteró de que Diego Ocampo firmaba por el Cajasol (renovaba tras estar de ayudante de Pedro Martínez): “Me llamó a su habitación y me dijo: ‘Tengo una mala noticia para ti’. Me puse blanco porque creí que tenía que dejar el equipo, pero después me comentó: ‘Vas a tener que verme a diario en el Cajasol’. Desde entonces todo el tiempo aquí estuve con él. La definición suya es la de un enfermo del baloncesto en el mejor de los sentidos. En San Pablo echó más horas que el parqué. Jugadores como Satoransky, Balvin, Porzingis, Sastre, Willy Hernangómez o Burjanadze le deben mucho a Diego Ocampo y a otros técnicos del club”.

Costa también se reencontró con el gallego en Manresa la pasada campaña, cuando llegó para afrontar el play off que culminó con el ascenso a la ACB del club catalán. “Cuando lo vi el primer día fue como un déjà vu de aquellos años. Tácticamente ha cambiado, claro, pero mantenía su esencia que lo hace único y me recordó a quellas selecciones sub 16 y sub 17”, afirma.

Esa generación de oro del 93 sigue hoy muy viva en la Liga Endesa, aunque algunos se quedaron por el camino. “En ese momento piensas que todos los que están ahí llegarán a la ACB (todos debutaron). Éramos campeones de Europa y piensas que si no llegan éstos, ¿quién lo hará? Pero después hay muchas cosas que no controlamos que marcan una carrera. La suerte, la evolución técnica y física... Al final unos llegan y otros no, pero en ese momento apostaba por todos”, indica Costa.

Uno de los que se quedó por el camino fue Pámpano, lastrado por un problema en el hombro izquierdo. “¿El izquierdo? Y para que lo quieres si cuando jugábamos no usabas la mano izquierda. Podrías haber seguido sin problemas jugando igual”, bromea el barcelonés, que recibe la réplica al recordarle su compañero el mote de sus años mozos: “Martillo, porque se veía fuertecito cuando era un palo”. “De los tres bases, (él, Costa y Jorge Sanz), Jorge y yo éramos más de trabajo sucio y cuando hacían falta puntos aparecía él. Era el jugón. Fuera de la pista siempre  tuvimos buena sintonía y una gran relación que se ha mantenido hasta ahora, pese a que competíamos siempre por el mismo puesto y me quitó el dorsal 8 ­–apostilla–, y nos enfrentábamos con nuestros equipos”, explica Pámpano, quien no cree que su amigo tenga problemas para adaptarse a la ciudad: “Por su forma de ser no va a tener problemas para integrarse aquí. Es catalán porque le tocó nacer allí, pero podría ser de Triana perfectamente”.

El sevillano defendió al club hispalense desde minibásket hasta debutar en ACB en 2010

Pero sin ser trianero, parece que Sevilla lo esperaba. “Aquí sólo había estado para jugar, pero mi madre, que la había visitado hacía ya mucho tiempo, siempre me decía que teníamos que volver. Ahora casi no se va a ir. Es una bonita ciudad y espero que Ricardo me haga de cicerón”. “En dos años sale de penitente en Las Aguas conmigo”, apunta Pámpano, que no oculta la “ilusión” que le hubiese hecho vestir la camiseta y el escudo que luce ahora Costa. “No coincidimos en el tiempo. Nos cruzamos en el camino sin encontrarnos”. 

“He jugado con todos los nombres del club (11 años en la entidad hasta 2012) y tengo una colección muy completa de camisetas de colores distintos. Soy del Caja de toda la vida, pero de la mano del Betis sigue habiendo baloncesto en Sevilla y eso es lo importante”, destaca Pámpano, para quien la clave en esta nueva etapa es simple: “Ganar partidos para enganchar a la gente”. “Siempre se ha dicho que hay poca afición en Sevilla al baloncesto, pero yo creo que no. Creo que cuando hay un buen proyecto y un conjunto ganador el público responde. Estando en el Betis tienen el ejemplo de la sección de fútbol, que tras estar en Segunda ha dado pasos para afianzarse y crecer. El baloncesto lo puede hacer también”. Y Costa recoge el guante: “En Manresa pasó lo mismo y reenganchamos a la gente a través de las victorias. No nos podemos engañar. Estamos aquí para ascender de nuevo. ¿Presión?, es lo que hay en el Betis. El que no la aguante no está en el sitio adecuado”.

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