“Como hace Disney, en el sector turístico vendemos felicidad”

Marisa Azcárate | Empresaria y CEO de Hoteles Kaizen

Marisa C. de Azcárate posa para una entrevista.
María José Guzmán

31 de diciembre 2021 - 06:00

Madrileña, jerezana de adopción y apasionada de Andalucía, que conoció de manos de su marido. Su carrera como empresaria se inició en el Grupo Cuñado, un holding de 21 empresas. Pero, tras el fallecimiento de su padre, decidió dar un rumbo y profesionalizar su faceta de perfecta anfitriona trasladando su gusto por recibir a invitados en casa a Kaizen Hoteles, un concepto de negocio innovador y centrado en el turismo de alta gama que busca ubicaciones y establecimientos singulares. Ya tiene dos hoteles: La Malvasía, ubicado en El Rocío, y Casa Palacio María Luisa, el primer cinco estrellas gran lujo de Jerez. Y en primavera abrirá las de Don Ramón, otro cinco estrellas exclusivo en Sevilla.

–Ahora que se habla tanto del lujo. Explíquenos qué significa ese concepto para usted.

–Yo creo que se habla muy gratuitamente del lujo. El lujo te da seguridad. Cuando te poner un bolso de Loewe, una joya o cualquier prenda muy exclusiva te sientes más alta, más guapa... más segura de ti misma. Un verdadero hotel de lujo es aquel en el que entras y sin grandes aspavientos, pero con clase, te hace sentir que eres el centro del mundo. Sin que parezca que me pongo romántica, en mi empresa procuramos que el cliente se sienta querido, respetado y único.

–El lujo es entonces la experiencia.

–Como Disney, vendemos felicidad, sentimientos. Lo más importante es vender experiencia. Lo que uno se lleva al final de un viaje o una estancia son los recuerdos, no es nada material. Aunque también cuidamos esos detalles, procuramos que las habitaciones no sean minimalistas y que sirvan sólo para dormir bien, sino que estén decoradas con objetos reales que el cliente pueda descubrir y le haga sentir bien.

–No paran de abrirse hoteles de cinco estrellas. ¿Hay sitio para tantos?

–Vamos añadiendo valor. Este concepto es muy importante. Soy empresaria, llevo en mi ADN la rentabilidad, que es necesaria para tener continuidad en el tiempo y poder seguir invirtiendo y manteniendo el negocio. Pero la rentabilidad no es sólo una cuestión de costes y gastos... llega a través de lo que hemos hablado antes, de apostar por la experiencia y distinguirte.

–Por productos diferentes, ¿hasta ahora era todo algo más básico?

–Eso es. Andalucía tiene una riqueza bestial y ahora estamos despertando y apostando por hoteles que añaden calidad, que van a atraer a gente con mayor poder adquisitivo y eso es muy bueno y necesario para los destinos, porque hay mucha gente en el mundo a la que le gusta viajar, pero que busca esta exclusividad. A veces, cuando hablo con gestores municipales y de urbanismo me miran como incrédulos por lo que les cuento, pero realmente mi objetivo es aportar valor. Y eso va a mejorar la economía en general.

–Ahora que se está repensando también el turismo, ¿ha cambiado la pandemia la forma de viajar?

–No sé si está cambiando por la pandemia o está cambiando naturalmente. Pero este concepto de más calidad es algo que viene ya de antes y ahora será bueno porque hay mucha gente dispuesta a gastar dinero y viajar en cuanto pueda.

–Eso hará crecer la competencia también en este turismo de alto nivel.

–No sé. Yo tengo un nicho muy determinado, no compito con nadie. Por ejemplo Kaizen no hace hoteles de más de 40 habitaciones, queremos dar exclusividad y eso es difícil con 200 personas circulando por el hotel.

–¿Qué le hace falta al sector turístico para seguir creciendo?

–Apoyo real. Todos los discursos son de apoyo... pero luego se quedan en papel mojado. Por lo general, un empresario es alguien que arriesga su dinero, el patrimonio de sus hijos y que apuesta todo por cumplir su sueño, su ilusión, no es sólo alguien que busca lucro personal. Más del 80% de los empresarios son pequeños y medianos empresarios. Esto vale para un hotelero o para el que invierte en un supermercado. Y, bueno, también para Amancio Ortega. Generamos puestos de trabajo y añadimos valor y echamos de menos más comprensión, más ayuda, un apoyo a muerte, y esto no se da.

–Hay pocas mujeres directivas en el sector turístico todavía. ¿Cómo ha sido su experiencia? ¿Ha encontrado trabas?

–Yo vengo de un sector muy masculino, el industrial, mi familia tenía una empresa de distribución de tuberías, válvulas... trabajábamos con empresas de energía y de ingeniería. Y hace 40 años la situación era distinta. Pero la verdad es que yo me he encontrado poco problema y, como empresaria, cuando contrato a alguien no me fijo en si es hombre o mujer, sino qué tipo de trabajador es si se involucra y se compromete. Hoy en día tenemos los mismos derechos y vamos cambiando a la hora de decidir quién se queda en casa para cuidar de los niños. Yo no entiendo muy bien a algunas feministas. Lo mismo digo algo políticamente incorrecto, pero yo creo que cada uno sube en su empresa en la medida en que se compromete con su trabajo y se dedica a él. Ser director o directora general implica muchas horas de trabajo.

–Dicen que es incansable.

–Me gusta lo que hago sobre todo. Y cuento con un equipo excepcional. No sé si es que somos gente rara (risas) pero somos unos apasionados de nuestro trabajo. Hace unos días, en una reunión de la empresa empecé a escuchar a la gente y me di cuenta de que el mayor logro de Kaizen ha sido transmitir esta filosofía: la búsqueda de la excelencia para ofrecer experiencia únicas. Empecé ocupándome del continente, de los detalles del hotel, su confort, la decoración... y me he dado cuenta de que el contenido, la gente que trabaja en la empresa, es la que le da el alma.

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