"Todavía estamos con la resaca del pluripartidismo"
María Blanco | Doctora en Ciencias Económicas y Empresariales
María Blanco es doctora en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Complutense de Madrid y profesora de Historia e Instituciones Económicas en la Universidad CEU-San Pablo. Compagina la docencia y la investigación académica con la difusión del liberalismo en medios de comunicación. Tras Las tribus liberales y Afrodita desenmascarada, ahora publica Votasteis gestos, tenéis gestos (Deusto).
-¿Tenemos un Gobierno de postureo?
-Sí. O, más que de postureo, que está más pendiente del corto que del largo plazo, de que cada uno de los partidos involucrados salga reelegido en los próximos comicios. Está intentando cubrir las necesidades de nuestro país con campañas de marketing y medidas que, a veces, no tienen un trasfondo claro y no llevan a la solución.
-¿Cómo o cuándo entró España en la era de los gestos?
-Es una pregunta que, después de escribir un libro, no he sabido contestar. Considero que tiene que ver con la prolongada etapa bipartidista en la que PP y PSOE se acostumbraron a una especie de convivencia, a una rivalidad pacífica. Es como cuando, con perdón por el ejemplo, el prisionero y el guarda se hacen amigos: tienden a relajarse las condiciones. Pues igual, la oposición que tiene que vigilar y el partido en el Gobierno se hacen amigos, se acostumbran a convivir, ahora tú, ahora yo, se relaja esa supervisión y quienes salen perdiendo son los ciudadanos.
-Defiende la abstención como una toma de decisión política.
-Sí. Entiendo que es muy poco popular defender la abstención porque uno tiende a pensar que se abstienen quienes no se preocupan por la política. Pero incluso ellos tienen una posición. En mi caso, la abstención responde a un desacuerdo fundamental en los valores que están presentes en la toma de decisiones en las elecciones: no hay listas abiertas ni candidaturas independientes, la ley D'Hondt no siempre es para beneficiar a los que de verdad son más votados, el Senado ha dejado de ser lo que debería ser, que es la representación territorial de los españoles que compensara la representación por partidos... Sería bueno plantearnos nuestro sistema de votación.
-"Los españoles somos unos votantes poco exigentes". ¿Damos poco valor a nuestro voto?
-Sí, pero no es necesariamente nuestra culpa. Nos han puesto por delante zanahorias y banderas que nos han confundido, como el miedo. Se han sacado muchos fantasmas del pasado en lugar de intentar ayudar a los españoles a ser votantes maduros y exigentes como en otros países. Nos hemos acostumbrado a ir pasando cosas, como asaltos al CGPJ o la lentitud del Tribunal Constitucional, determinadas formas en el Congreso, ataques o faltas de respeto a símbolos o a conceptos, a la cultura, a la idiosincracia de nuestra democracia, determinadas líneas rojas que se plantearon al inicio de la democracia y que hoy en día parece que todo vale porque es "ser muy revolucionario" pero sólo en los gestos. No nos damos cuenta de que se deteriora la calidad de nuestra democracia cuando no le damos la importancia necesaria a nuestro voto.
-¿Es más importante el cómo se transmite que el qué en la política actual?
-Por desgracia, nos hemos quedado con el cómo y se nos ha olvidado que el contenido es también relevante y que los mensajes calan, están ahí y van permeando como el agua en la tierra.
-Asegura que "con Podemos y Vox se produjo el regreso del líder tradicional".
-Cuando el bipartidismo era el verdadero protagonista de nuestra política, aparecieron líderes como Pablo Iglesias, con una izquierda distinta, más radical pero más joven, diferenciándose de las viejas glorias de IU y del PCE tradicional, y posteriormente, como contrarréplica, como pendulazo, Vox en respuesta no sólo a Podemos, sino a la falta de liderazgo del PP. Fue bueno que aparecieran personajes que cuestionaban tanto al PP como al PSOE, poniendo encima de la mesa que no hay una sola derecha, una sola izquierda ni incluso un centro. Me parece sano. Creo que todavía estamos con la resaca del pluripartidismo. Tenemos que acostumbrarnos a que pactar con un partido, por ejemplo, con Podemos, no nos hace necesariamente comunistas, ni pactar con Vox te hace fascista, ultraderechista o como quieran insultar.
-También señala un fenómeno emergente en la política: la invasión de mentiras, el 'bullshit'.
-Analizando si en otros países se toleraba la mentira me encontré con que hay una verdadera enciclopedia de la mentira, el bullshit, que es lo que aquí llamamos el postureo: no es que estés mintiendo o no, es que no te importa si es mentira, dices lo que quiere la gente oír. Tu objetivo es convencer, independientemente de todo lo demás. Me pregunto sobre de quién dice más, sobre nosotros o sobre ellos.
-¿Peligran el estado de derecho y la democracia?
-El estado de derecho sí está en peligro. Los españoles no tenemos claro qué es y los que lo tienen claro asumen que es un conjunto de instituciones estáticas y no es así. El estado de derecho está vivo, es algo orgánico, va cambiando con la sociedad y tenemos que vigilarlo. Hay que tener instituciones saneadas y mantener las líneas rojas sin pisar. Como en el tenis, si las líneas blancas se desgastan, es más fácil cometer faltas, por lo que hay que repasarlas para que se vea cuando la bola entra y cuando no. Sin un estado de derecho o con uno enfermizo, la democracia tal como la entendemos puede desaparecer y eso significa que los ciudadanos estamos menos protegidos y que el sistema es cada vez más tiránico, incluso si no hay un dictador.
-¿Estamos preparados para una rendición de cuentas?
-Debemos estar preparados. Los ciudadanos no paramos de rendir cuentas. Tienen todos nuestros datos. Todos los años decimos al Estado lo que ganamos, nuestros beneficios, saben quiénes se han vacunado... ¿Por qué no van a hacerlo ellos?
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